Balazos ¿son optativos?

Por. Ah-Muán Iruegas

El reciente asesinato de dos sacerdotes jesuitas y una tercera víctima fatal, a manos de un delincuente, ha permeado el debate público nacional. No es sólo el lamentable caso de los dos curas, sino la propia estrategia gubernamental de “abrazos, no balazos”, lo que está en cuestión.

Es mucho decir, para algunos, que tal estrategia merezca ese nombre. Pues dicha política parece ser la inacción pura, sin resultados tangibles hasta ahora.

Lamentablemente, los resultados del actual sexenio en la materia, son muy cuestionables. Más de cien mil muertos durante este sexenio, son mudos testigos de semejante fracaso.

Es cierto que la 4T no creó esta situación. Pero eso no le quita responsabilidad por sus escasísimos resultados.

La idea de que deben combatirse las causas que generan la delincuencia, puede sonar en principio adecuada, incluso humanista. Sin embargo, no es un axioma que las causas de la delincuencia sean puramente sociales o económicas.

Hay incluso teorías que atribuyen a fenómenos físicos o biológicos la propensión del individuo a delinquir. La conocida propuesta de Cesare Lombroso apunta claramente en este sentido. Sin que ello implique que sea una tesis cierta, puede ser al menos debatible que fenómenos biológicos, fisiológicos, psicológicos e incluso culturales, tengan su parte en el origen de la delincuencia.

No obstante, incluso si fuera falsa la teoría lombrosiana, y cierta la tesis del presidente López Obrador de que esencialmente deben atacarse las causas sociales de la delincuencia, ésta no tiene por qué ser una política exclusiva o única.

Así, mientras dan resultados concretos las políticas sociales de la 4T (suponiendo que lleguen algún día a disminuir la delincuencia) deben implementarse políticas temporales de contención o represión del delincuente.

El señor presidente, sin embargo, es alguien que al parecer no tiene experiencia alguna en el trato con delincuentes. Pues cree que a esa gente se le puede o debe “abrazar”.

Ahora bien, ¿son necesarios los “balazos”?

Sin violencia legítima, no puede existir el Estado moderno, ni ninguna otra forma estatal que haya existido hasta hoy. Es decir, el Estado no puede existir sin policía y fuerzas armadas, así como tampoco sin jueces, fiscales, etcétera.

La política de contención de la delincuencia, ha fallado en el actual gobierno. Incluso los militares mexicanos en ocasiones han salido huyendo despavoridos, porque son perseguidos por delincuentes. Protagonizando con ello algunas de las escenas más ridículas de la historia de México.

El Ejército mexicano es claramente un aparato de control social. No es simplemente “pueblo uniformado”, sino es una parte del pueblo especializada en reprimir y controlar o someter a otra parte de ese mismo pueblo: los civiles.

No es verdad que nuestros militares garanticen la independencia nacional. Pues el día que nos quieran invadir los Estados Unidos –el único país que en verdad nos puede despedazar-, pueden hacerlo en unos meses y doblegar así al Ejército y al gobierno mexicano -de cualquier ideología política-.

El Ejército mexicano ha sido un aparato para reprimir a su propio pueblo, pero ahora, que debe reprimir al delincuente, no lo hace.

Los militares mexicanos, por otra parte, siempre han sido cuestionados por sus constantes asesinatos y otras violaciones a los derechos humanos. El 2 de octubre, la Guerra Sucia de los 70s, la colusión de militares con la delincuencia (recordemos por ejemplo al General Gutiérrez Rebollo), así como las repetidas acusaciones de corrupción, homicidios, violaciones a mujeres, vejaciones y abusos de indígenas, etcétera, nos dan la verdadera medida de “nuestro pueblo uniformado”.

Repito, la única vez que en verdad debieron haber reprimido a parte de la sociedad, en el sentido de atacar a los delincuentes, que son parte “destacada” de nuestra sociedad, el Ejército mexicano, la Guardia Nacional, la Marina y la policía, no han servido de gran cosa.

Desde luego que decir simplemente “balazos” es una simplificación, o una figura pseudo retórica que utiliza el gobierno actual.

Es necesaria toda una estrategia que decida cómo y cuándo usar a la policía, el Ejército, los aparatos de inteligencia, las instituciones de procuración de justicia, etcétera. Lo cual es un asunto realmente complejo.

Es decir, cuando digo “balazos”, me refiero a la represión de la delincuencia por todos los medios, no simplemente apretar un gatillo y disparar.

Pero si se asume a priori que la violencia es innecesaria, pareciera que tenemos una idea equivocada no sólo de lo que es México y los mexicanos, sino de la condición humana en general. Esto es propio de los idealistas, que siguen creyendo que pueden crear un Hombre Nuevo. (Esa es una ingenuidad que popularizó el Ché Guevara, quien luego fue acribillado por los “hombres viejos” que le ganaron la batalla, lo mataron y le cortaron las manos).

“El hombre es el lobo del hombre”, se dijo hace siglos. Y la violencia mexicana lo prueba día con día. Pero hay quienes todavía creen en cuentos de hadas…

A los delincuentes se les debe controlar. Pero lo que está haciendo el gobierno, sencillamente no logra ese cometido.

Adicionalmente, la situación de violencia en nuestro país afecta la economía, el turismo y otras muchas actividades. Pero ante todo, afecta la vida de millones de mexicanos que, por el sólo hecho de serlo, están a merced de la delincuencia y son “clientes frecuentes” en las funerarias.

Una vez que se entra en una dinámica demencial de funerales y velorios, como la que hoy vive nuestro país, los “balazos”, es decir el uso de la violencia legítima que caracteriza al Estado, no son optativos.

Los “balazos” en el sentido aludido, son obligatorios cuando se trata de controlar a los enemigos sociales: la delincuencia. Palabras, discursos y admoniciones carecen absolutamente de sentido, al tratar con estos sujetos.

El Estado está obligado entonces a recurrir a la violencia para someter a los delincuentes. A riesgo de dejar de ser un Estado, si no controla su territorio. Y la presencia de grupos de delincuentes que se pasean a sus anchas por nuestro país, son la prueba fehaciente de que nuestro gobierno no controla al menos ciertas partes de la geografía nacional.

Ese vacío tendrá que llenarse, tarde o temprano. Pues, o manda el gobierno o mandan los delincuentes –como ahora ocurre en muchas entidades-.

Por lo pronto, nuestro país es un caos, sumido en la violencia criminal.

Y al no utilizar la violencia (o cualquier medio eficaz) para controlar a los criminales, el Estado mexicano no está cumpliendo con la función primordial de cualquier Estado: garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Inclusive algunos han dicho que, al no garantizar dicha seguridad ciudadana, entonces el ciudadano queda en condición de no tener que pagar impuestos. Pues no recibe por dichos impuestos una contraprestación del gobierno, equivalente a lo que le pagan. Asunto que trataremos en un texto futuro.

 

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