No es un simulacro

Ernesto Zavaleta

Ernesto Zavaleta.

Morena se proyecta finalmente como lo que es, el PRI del siglo XXI, es el partido que concentra el poder en su dirigencia, en el presidente; donde las decisiones son todas cupulares, donde la militancia sólo es un masa informe de manos levantadas en una asamblea, de elecciones unánimes entre miles, sin oposición, sin alternativas; de cifras abrumadoras en las votaciones; de votos sin cara; de sufragios sin convicción a cambio pensiones y becas.

¿En que son diferentes a los de antes?

Sí, hay una diferencia sustantiva, el PRI paso de ser un poder militar a uno civil, y dejó atrás a los caudillos y desarrollo un país de instituciones; Morena va en sentido contrario, desaparece las instituciones, y militarizar al país.

México está por retroceder entre 100 y 140 años hacia un nuevo triunvirato, o una dictadura militar.

Morena es un movimiento que va detrás de un mesías, un autócrata, un tirano que no se equivoca, que manda, que amenaza, que descalifica, que encarcela, que impone su voluntad incluso sobre la ley, y que está a punto de cumplir su promesa: sentar las bases de la 4T, militarizar al país para consolidar su poder como líder máximo.

Un presidente de la República que está a unas horas de dar un paso más para ampliar su influencia política más allá del periodo sexenal, con el apoyo de las fuerzas armadas a través de una reforma constitucional propuesta no por el movimiento que encabeza, sino por el partido del que surgió, el PRI, y enfrente sólo queda el obstáculo que representa conseguir 10 votos en el Senado, paradójicamente del mismo partido que ahora lo apoya, el PRI.

Junto con sus aliados del PT, el PVEM y el PES, Morena reúne 75 senadores para extender la presencia militar en las calles, 60 escaños son de Morena, seis del PVEM, cinco del PT y cuatro del PES, pero debe tener el foto a favor de 85 los integrantes de esa cámara para tener la necesaria mayoría calificada, de tres cuartas partes del Senado, para lograr la ansiada reforma constitucional.

Quien vaya en contra de ampliar hasta el 2028 la actuación policial de los militares en la Guardia Nacional es un traidor al pueblo, es un político sin moral, dijo el presidente luego de felicitar a los diputados por aprobar la reforma propuesta por sus cómplices del PRI.

Mientras inútilmente Ricardo Monreal Ávila, coordinador de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) en el Senado insiste lograr la reforma y alinearse a los designios del presidente que lo ningunea y desdeña como aspirante a “corcholata”, porque sigue como aspirante a aspirante a una candidatura ya dada.

“Nos quedan unas horas y no me cansaré de seguir dialogando. Estoy haciendo un esfuerzo mayúsculo de diálogo y de flexibilidad, proponiendo alternativas para que nos puedan acompañar en esta trascendente reforma constitucional”, dice el legislador zacatecano.

Las votaciones en comisiones muestran que no hay forma de lograr ese acompañamiento, se impuso la mayoría de Morena en ambas comisiones, la oposición no cambió su postura, y va a ser presentada la minuta de reforma ante el pleno de los Senadores este miércoles, y de mantenerse la tendencia los militares deberán regresar a sus cuarteles en marzo de 2024.

Eso si en Palacio Nacional respetan la Ley y la división de poderes, que no ha sido el estilo de la 4T; si no aparecen las próximas horas en la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), o en la Fiscalía General de la República (FGR) o en el Sistema de Administración Tributaria (SAT) algún expediente “desfavorable” a unos 10 de los senadores que se oponen a la reforma, o a alguno de sus líderes… Además de Alito.

En el mundo de más de 200 naciones registradas en la Interpol, 193 de ellos miembros de la ONU; 134 tienen una policía nacional civil; 16 usan un esquema mixto como es el caso de Francia y España que tienen una gendarmería militar con una Policía Nacional civil, que se encarga de la mayor parte de las tareas de seguridad pública, muy lejano al esquema de la 4T que insiste en debilitar los cuerpos de seguridad estatales y municipales.

Otros 17 tienen cuerpos mixtos bajo mando civil y sólo 33 usan a las fuerzas armadas en labores de seguridad pública como se propone con la Guardia Nacional, entre ellos Arabia Saudita, Corea del Norte, Tailandia, Yemen, Angola, Nicaragua, Camboya, Kazajstán, Eritrea, Irán, Vietnam, Chad o Siria, todos estos totalitaristas.

Militarizar a la Guardia Nacional dar seguridad a la población, es parte de la 4T para acceder a un nuevo régimen, como lo dijo claramente la titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, el 16 de septiembre, un régimen que tiene a ser totalitario, autócrata en la práctica y ya en el discurso mañanero.

No es sólo cuestión de seguridad pública, es consolidar un poder miliar donde las fuerzas armadas responden a sólo un mando civil, al jefe máximo, al presidente, como lo dijo en el mismo lugar y fecha, en el Zócalo el 16 de septiembre, el general Luis Cresencio Sandoval González.

Ambos discursos no dejaron duda, no hay la menor intención de regresar al poder civil la responsabilidad de la seguridad pública ni ninguna otra de las más de 100 responsabilidades civiles entregadas a la milicia en este sexenio.

Hace apenas 4 años Morena se decía de izquierda, se oponía a la militarización, ese partido también cambió de opinión y lo hace público, como el Presidente de la República lo hizo hace apenas unos días, ahora ese partido proyecta eliminar la definición de izquierda de sus documentos básicos, prohibir disidencias y los cuestionamientos al resultado de procesos internos como las encuestas.

Esto con el fin de adecuarlos a la “nueva realidad de Morena” y que “ya no sean una camisa de fuerza, sino un impulso a la Cuarta Transformación”, dijo su líder nacional, Mario Delgado Carrillo, quien, como corresponde a la costumbre morenista impuso su ampliación en el mandato un año más.

Los cambios estatutarios elaborados por Pedro Miguel y Rafael Barajas “El Fisgón”, antes izquierdistas y antimilitaristas extremos, quienes proponen erradicar de los documentos básicos la definición de partido de izquierda; la democratización de los medios, la expresión; “contrarrestar” la compra de voluntades (votos), y la defensa de derechos sociales, laborales y culturales.

Militarizar al país ya no es problema de conciencia, ya no son de izquierda, son sólo lopezobradoristas, son sólo manos levantadas por la 4T que ahora significa militarizar al país.

Las alarmas suenan fuerte, estamos al borde de un régimen dictatorial… y no es un simulacro.

 

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