¿AMLO encamina a México hacia el fascismo?

Isaías Villa González*.

Al iniciar el gobierno de AMLO, sus seguidores descalificaban ad hominem a los opositores tachándol(n)os de “fachos”. Vinculados –sin importar el tema en litis- a la llamada “Guerra de Calderón”.

Los dirigentes de Morena posaron, ufanos, pregonando “No a la militarización”. Y connotados amloístas (Epigmenio Ibarra el más representativo) lucraron con lamentables hechos violentos del pasado (represiones, matanzas), desde el 68 hasta Ayotzinapa.

Más de pronto AMLO dice “cambié de opinión ya viendo el problema que me heredaron”. E impulsa la incorporación de la Guardia Nacional al Ejército, y su permanencia en las calles hasta 2028. El viraje parece increíble de tan simple: ¡el líder providencial que, presumía conocer a detalle todos los rincones y problemas del país, falló! Traicionó así su compromiso de “regresar a los militares a sus cuarteles”. Y hace que su feligresía ingiera batracios en multitud.

No nos equivoquemos; el asunto tiene una trascendencia mayor, delicada. AMLO ha empoderado a las fuerzas armadas como nadie: están en las aduanas, los proyectos y obras insignia, en salud, en aeropuertos, etc. Gobiernan con él. AMLO chantajea con que se requiere mantenerlas para la seguridad. Ello no solo es contradictorio con su “estrategia” sintetizada en el “abrazos, no balazos”; es pretexto insostenible, pues los resultados en materia de seguridad y pacificación son un desastre: el sexenio de AMLO es el de mayor número de muertos.

Se requiere gran ingenuidad (que en [email protected] legisladores doblados es algo más) para no advertir que AMLO está construyendo un poderío militar que, aunado a otros procesos en curso, pareciera encaminar al país hacia un tipo de dictadura fascista.

Ahí están las amenazas y agresiones a los opositores, auspiciadas desde el púlpito mañanero por los virulentos ataques del presidente, que han derivado desde agresiones en las redes sociales (caso Loret de Mola) hasta hostigamientos físicos directos (caso reciente contra Denisse Dresser). Una suerte de camisas pardas cuatroteras en desarrollo desde Morena.

O las revelaciones de espionaje contra opositores, periodistas, feministas ¡desde el propio Ejército! Aunque SEDENA pretende justificarse con que son “labores de inteligencia”, no aporta elementos de protocolo ni autorizaciones legales que les sustenten.

Ello por no mencionar el abierto desprecio manifestado por el presidente contra las leyes e instituciones, sintetizado en su expresión “no me vengan con que la ley es la ley”.

Afirma contundente Rob Riemen, en su libro ´Para combatir esta era´(Penguin, México 2017): “El uso del término populista es tan solo una forma más de cultivar la negación de que el fantasma del fascismo amenaza nuevamente a nuestras sociedades, y de negar el

hecho de que las democracias liberales se han convertido en su contrario: democracias de masas privadas de su espíritu democrático”. Como las consideraba el filósofo español José Ortega y Gasset en 1930 (albores del fascismo): individuos homogeneizados, vaciados de pensamiento, valores e ideales, subsumidos en una multitud sometida. Multitud aglutinada por el rencor contra un “enemigo” cierto o ficticio, uniformada en la estrechez social, que teme la libertad propia.

El huevo de la serpiente se está incubando. Hay que pararlos sin medias tintas; por la vía legal y política. Parafraseando a Churchill: quien se humilla para evitar la confrontación política, tendrá la humillación y la confrontación política.

PD: Dos Senadores del PRD, Miguel Ángel Mancera y Antonio García, se humillaron por causas personales que aún no aclaran. Me sumo al deslinde que el PRD ha hecho con claridad.

*Consejero Nacional del PRD

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