Sergio Berlioz y la Orquesta Iberoamericana en la Antigua Sede del Senado, el próximo 12 de noviembre

México.- El próximo sábado 12 de noviembre, el Maestro Sergio Berlioz se presentará con la Orquesta Iberoamericana en la Antigua Sede del Senado, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Con cuatro décadas de trayectoria musical y académica, el compositor Sergio Berlioz ha participado en más de 4000 conferencias, mesas redondas y conciertos; impartiendo cátedra, diplomados y cursos en varias universidades y centro culturales de todo el país y la República Checa.

Ha publicado más de un millar de artículos y ensayos de temática musical y cultural en general en México, Hungría, Grecia, Estados Unidos, Turquía, Marruecos, Argentina, Perú, Bélgica, República Checa, Corea del sur e Israel; ganado en 1989 el Premio Nacional de Periodismo, así como condecoraciones en Hungría, República Checa e Israel.

En el 2013 le fue concedida la Cédula Real de la ciudad de Puebla (equivalente a las llaves de la ciudad) y la Medalla Guillermo Prieto de la Universidad Xilotzingo, por sus aportes a las humanidades; en junio de 2018 la Asociación periodística Síntesis le otorgó el Premio a la Trayectoria y en octubre de 2019 se le concedió el Premio Internacional Batuta, al lado de personalidades como Placido Domingo, Michel Nyman, Leo Brouwer, Fernando Lozano y Enrique Bátiz.

Es autor de las óperas “Espejo de niebla” y “La ira del origen”, ocho sinfonías, trece cuartetos de cuerdas, poemas sinfónicos, cantatas, conciertos para flauta de pico, clavecín, oboe, piano, guitarra, violoncello y fagot; así como sonatas, tríos, quintetos, entre otras obras, ejecutadas con gran éxito en Estados Unidos, Inglaterra, Polonia, Lituania, Chile, Canadá, Israel y México.

El próximo sábado 12 de noviembre, Berlioz presentará las siguientes obras:

 1. ZARABANDA PARA CUERDAS, Opus 43 (2008)

 2. CONCIERTO PARA CLAVECÍN Y ORQUESTA DE CUERDAS, Opus. 60 (2012) *

Allegro-Adagio-Allegro-Danza final

 Solista. Lidia Guerberof Hahn, clavecín

 INTERMEDIO

 3. OCTAVA SINFONÍA “LUZ DE OTOÑO”, Opus. 80 para mezzosoprano y orquesta de cámara, con textos de Victor Hugo y Raine Maria Rilke (2022) *

 I° Mov. Hojas de otoño, Andante Moderato

II° Mov. Sendas, Allegretto

III° Mov. Ritual, Andante Moderato

IV° Mov. Danza, Allegro Vivo

 Solista: Julietta Beas, mezzosoprano

 * Estrenos mundiales

NOTAS AL PROGRAMA

Por Sergio Berlioz

Zarabanda para cuerdas, Opus. 43 (2008)

 La zarabanda es una antigua danza cortesana española de posible origen oriental. Los antecedentes de esta se encuentran en los entretenimientos cortesanos de los califas árabes y en las danzas teatrales de la época de los Reyes Católicos (1474-1504). En el siglo XVI alcanza su definitiva forma como parte de una serie de danzas cortesanas donde se incluyen, además de la zarabanda, la chacona, el pasacalle y la folia, y las danzas litúrgicas (los seises) que todavía se ejecutan en la catedral de Sevilla.

   La zarabanda viene a ser pues, una danza lenta en compás de tres tiempos bailada en la corte del siglo XVI en España, la cual se convirtió en una baile procesional  a su llegada a la corte francesa en el siglo XVII y al dejar de ser utilizada como una forma bailable a finales de ese siglo, se transformó en un movimiento lento en Francia, Alemania y más tarde en Italia e Inglaterra, formando parte de la suite barroca durante la primera mitad del siglo XVIII.

   Recuperada en la primera mitad del siglo XX, particularmente por los compositores del movimiento neo-clásico, esta característica danza ha sido utilizada como un vehículo de expresión de fuerte y solemne impulso que activa la nostalgia y fecunda a su paso la sensación de gravedad que en el presente caso, es contrastado con un elemento ajeno a ella: la parte central donde el pulso se detiene y se aligera, mismo que retorna una vez más al final de esta composición.

   La Zarabanda para cuerdas está dividida en tres partes: A/B/AB, es decir, la presentación de dos materiales distintos y bien diferenciados: EL y ELLA, o un tema masculino y el segundo femenino, o llámelo el curioso como quiera, ya sea el Yin y el Yang, hombre y mujer, tierra y fuego, insisto, como se quiera; porque son todos y ninguno y todo concluye en la unión al final de ambas partes a través de una comunión de almas, en un declarado canto de y para el amor, no por una persona en particular, sino una idealización. “¿Quién es ella?”, otra vez la voz del curioso hurgador de la vida privada. Nadie, “¿y él?”, pues un autorretrato y a su vez, el retrato de muchos hombres que como yo, apuestan a que un día el ideal pueda ser real.

 Concierto para clavecín y orquesta de cuerdas, Opus. 60 (2012)

 Concebido como un retrato musical de su destinataria, la temperamental, vital y siempre intensa Lidia Guerberof Hahn, amiga querida, artista de toda mi admiración y un ser humano cabal, el Concierto para clavecín y orquesta de cuerdas transita a lo largo de cuatro  movimientos ejecutados ininterrumpidamente: Allegro-Adagio-Allegro-Danza final, correspondientes a una revitalizada y expandida forma sonata como súper estructura final: Exposición-Desarrollo-Reexposición-Coda, en un itinerario entre el pasado convocado y el presente vivido; un  itinerario en que expreso mi idea sonora del músico y la persona.

  El peligro del referente histórico en el sonido característico del clavecín barroco, lo enfrenté en dos direcciones antagónicas, el homenaje y su exclusión, a través de un discurso obstinado e irreverente, donde se reafirma la voz individual del instrumento, que se presenta autónomo e independiente desde el principio de la obra, y su diálogo con la orquesta, la cual es, ante todo, una ampliación no sólo sonora sino emotiva de lo dicho por el solista.

 Octava sinfonía “Luz de otoño”, Opus. 80, para mezzosoprano y orquesta de cámara (2022) con textos de Victor Hugo y Raine Maria Rilke.

Después de crear tres sinfonías monumentales para solistas, coro mixto y orquesta sinfónica, comisionadas por el gobierno del Estado de Puebla, que versan sobre tres episodios nacionales: la Quinta sinfonía “La luz de mayo”, sobre la Batalla del 5 de mayo de 1862, la Sexta sinfonía “Elegía heroica”, sobre el Sitio de Puebla de 1863, y la Séptima sinfonía “Abril al alba”, sobre la Batalla del 2 de abril de 1867; mi Octava sinfonía tendría que ser otra cosa, algo más personal, íntimo y cercano. Una sinfonía de proporciones haydeanas, con una orquesta reducida, un pequeño mundo que revele cual ánfora antigua, un mundo contenido.

   Aquí no encarno al compositor de “las efemérides nacionales”, la genuina preocupación  de mi amigo Vicente Herrasti, al realizar con mis tres sinfonías anteriores una reflexión épica, sino un mundo de sensaciones más abstractas, menos anecdóticas o justificaciones literarias e históricas.

   Yo, tan dado a lo discursivo y lo erudito, también soy una persona, con un ego apenas contenido y una salud frágil. La presente obra nació de mi experiencia cercana a la muerte en febrero del presente año. Estando en el hospital, donde el tiempo me pareció eterno, tuve la disposición para reflexionar sobre la existencia. De esas horas silentes nació nítida y fecunda, la obra que hoy escucharemos.

   La utilización de tres poemas: “Sol poniente” (completo) de Victor Hugo, un fragmento de la Primera de las “Elegías de Duino” de Raine Maria Rilke y el final del poema “tristeza de Olimpio” (político romano del siglo IV) de V. Hugo, que canta una mezzosoprano, para el estreno la formidable Julietta Beas y la Orquesta Iberoamericana, se ubican, el primero como primer movimiento, el segundo poema como puente entre el segundo y tercer movimientos y el tercer poema al inicio del cuarto movimiento, que seguirá hasta el final enteramente instrumental. El uso de estos tres poemas enfatiza el devenir de una vida con sus pocos aciertos y muchos errores, entregados como una confesión íntima y un tributo a la existencia que todos compartimos.

   Los cuatro movimientos que integran la sinfonía: Hojas de otoño, sendas, ritual y danza, se ejecutan ininterrumpidamente, dejando al final la sensación de transitar por una vida que está llegando a su sexta década y que toma sonora, la conciencia de ese trayecto.

   La obra está dedicada a la notable directora de orquesta Lizzi Ceniceros, como tributo de sincera amistad y admiración por su trayectoria artística y de vida.

 Con información del Maestro Sergio Berlioz

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