Las primeras damas de México

Por. José C. Serrano

Francisco Cruz Jiménez nació en la Ciudad de México hace 67 años. Es un sólido periodista que se ha formado en algunos de los medios de difusión más importantes de México: Reforma, El Universal, Diario Monitor. En 1997 recibió la Presea Estado de México José María Coss en periodismo.

Es autor de una docena de libros entre ellos: Cártel de Juárez (2008), AMLO. Mitos, mentiras y secretos (2012), La guerra que nos ocultan (2016), Los depredadores (2017), García Luna, el señor de la muerte (2020), Las damas del poder (2023).

Su libro más reciente es producto de una investigación de más de 13 años. Narra la vida, obra y desgracias de 10 primeras damas entre 1952 y 2018. En sus páginas se revelan secretos de alcoba, los actos de corrupción y los escándalos más vergonzosos de las mujeres que convirtieron el sufrimiento del país en un espectáculo, Todas ellas actuaron a placer y sin temor a represalias, como “verdaderas aventureras del poder”.

Este espacio se ocupa de las primeras damas que lo fueron de 2000 a 2018.

Marta María Sahagún Jiménez, la cogobernante, la intocable. Blanca, manudita, devota de Santa Teresa de Jesús, cínica sin par. Mujer que simbolizaba la improvisación descarnada en la política nacional. Ella era el prototipo de cada mujer en la conservadora sociedad de Zamora, Michoacán y estaba decidida a ser más que una acompañante del presidente en actos protocolarios.

El matrimonio civil de Marta Sahagún con Vicente Fox Quesada había mostrado el rostro real de ella, cuando el grandulón de Guanajuato se calificó a sí mismo y a la dama como la pareja presidencial. En otras palabras, Martita había llegado a Los Pinos en calidad de copresidenta: “Somos una pareja que trabajamos por México”, era el eslogan de caballito.

Marta María, sus hijos y Fox cruzaron la delgada y casi invisible línea que divide la vida privada de la pública. “La habían cruzado para hacer negocios personales y, en el caso de ella, también para apuntalar su candidatura presidencial”. La prensa no chayotera denunció la otra cara oscura del foxismo y del PAN, así como el descarado e inmoral desvío de recursos públicos para engordar cuentas personales; un atraco multimillonario a la ciudadanía.

Francisco Cruz revela en su libro los acuerdos secretos y oscuros de Martita con Genaro García Luna. La señora lo veía como una especie de brujo mayor de la información. Sin García Luna y sus secretos habría sido casi imposible que Sahagún controlara a la élite panista.

Marta María terminó siendo víctima de sus ambiciones desmedidas. “Su enorme ego la persiguió y la devoró”.

Margarita Ester Zavala Gómez del Campo, Márgara en la intimidad, ignoró deliberadamente que el sistema de justicia se asentó en el sexenio de su cónyuge, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, en una tergiversada y corrupta noción de que “los poderosos eran intocables, infalibles o, de plano, santos”.

Margarita Zavala mostró pronto un lado oscuro lleno de ambiciones de poder para garantizar un plan transexenal ultraconservador. Estuvo lejos de lograrlo, pero fue candidata presidencial independiente, a pesar de las trampas que le perdonaron las autoridades electorales: algo así como 219 mil firmas falsas con las que pretendía conseguir el puesto tan anhelado.

Desde el gran chalet familiar en Ayapango, Estado de México, protegido por los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, Margarita Ester pudo añorar, cómo en 2018, por falta de carisma, por su agria personalidad y sin base social, renunció a su candidatura y dejó escapar la oportunidad de regresar a la residencia presidencial no como primera dama, “sino, como presidenta”.

Angélica Rivera, la serpiente envenenada. Angélica Rivera Hurtado, La Gaviota, tenía una vida de película o de telenovela rosa. “A los ojos de México, encarnaba todas las virtudes posibles: inquebrantable, distinguida, tierna, de buenos modales, compasiva, bonita, abnegada y elegante”.

Las últimas seis antecesoras de La Gaviota habían terminado convertidas en una mascarada, sumidas en el anonimato, en el descrédito o en una tragedia sexenal, perpetuando pasajes oscuros encadenados a la opulencia, al abuso de poder, a la impunidad, al despilfarro, al enriquecimiento personal o a la corrupción.

La boda celebrada en 2010 hizo a La Gaviota primera dama de una entidad de 15 millones de habitantes. Para el momento había pocas dudas de que Enrique Peña Nieto sería candidato presidencial del PRI en 2012.

“Glamorosa, nuevamente vestida de blanco, La Gaviota estelarizó su nuevo y quizá más importante papel protagónico”. Peña, un personaje también de telenovela, político Casanova y mediocre, de mano dura, educado en las viejas tradiciones que imponía la corrupción política mexicana desde la cúpula del PRI.

La historia de las primeras damas de México ha sido una puesta en escena, una pantalla de distracción, una complicidad que perdura a pesar de la incredulidad de la ciudadanía, tras saber que al lado del presidente se conjura otro poder, el de ellas: “un terrible y oscuro espectáculo”.

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