Fake news y sus efectos: crítica y razón en tiempos de la web 2.0

Boris Berenzon Gorn

Boris Berenzon Gorn.

Además de tratarse de una economía del exceso y los desechos,

el consumismo es también, y justamente por esa razón, una economía del engaño.

Zygmunt Bauman

No existen formas sencillas para navegar en la web 2.0 y evitar las fake news; se propagan como bacterias, son tan difíciles de eliminar como hongos y crecen tan rápido que mientras se arranca una de raíz, ya nacieron otras tres. La desinformación en la era de internet puede parecer una paradoja. ¿Cómo es posible que progresen las noticias falsas si desmentirlas está al alcance de una mano? Parece que el exceso de datos no siempre se traduce en información y que ésta no siempre es capaz de permitirnos generar una opinión crítica sobre los procesos.

La confusión y la frustración ante las fake news son actitudes comunes entre los usuarios. A menudo, el escepticismo es visto con malos ojos y muchas personas creen la información que reciben sin verificarla, sobre todo si les llega de familiares y amigos. Así es como se propagan y viralizan las noticias falsas, aprovechando la ingenuidad y la confianza que los usuarios tienen en sus conocidos. Además, hay temas donde las personas suelen dudar más, por ejemplo, en términos de política y economía, pero hay otros donde la inocencia es común y las noticias falsas progresan con mucha mayor rapidez.

¿Cuál es el origen de las fake news? Lo más sensato parece afirmar que no es unívoco, sino que suelen ser diversos los factores que originan la propagación de rumores y mentiras.  Los rumores y los mil rostros del herpetario. En redes sociales y la web en general, un motivo común suele ser el sensacionalismo y el llamado clickbait. Se trata de contenido diseñado para generar clics en algunos enlaces con la intención de que las personas visiten las páginas y se aumente la publicidad. A mayor consulta, más ingresos se generan. Sin embargo, este contenido, que suele tener títulos sensacionalistas, exagerados o intrigantes, no suele cumplir con las expectativas del usuario, su única finalidad es aumentar las ganancias. Cuando las personas no verifican la fuente, la desinformación crece y se replica.

El clickbait es efectivo para generar ingresos, pero es poco ético y engañoso. Los encabezados sensacionalistas son cada vez más populares, pues apelan a la curiosidad y ofrecen contenido polémico. La información carece de fuentes, es abiertamente falsa o, por lo menos, ambigua y se sirve de imágenes que pueden no guardar relación con el texto e incitan al morbo. Las páginas que buscan ganar visitas reproducen constantemente esta práctica para posicionarse, aunque para los usuarios suele ser contenido frustrante y de poco valor. Aunque el clickbait aumenta el tráfico y despierta interés, suele contribuir a la desinformación y sus fines comerciales tienden a chocar con el bienestar común.

Otra de las razones comunes para la creación y propagación de noticias falsas es la manipulación con fines políticos. Es usual que las noticias falsas sean creadas para cambiar la opinión pública, generar caos, desacreditar a personas o individuos, incitar al conflicto o sembrar miedo entre las personas. Así, es usual que, en etapas electorales o periodos de tensión internacional, progresen las fake news, aprovechando el clima generalizado de discordia para influir en la percepción de la ciudadanía.

Las fake news que se crean para ejercer presión y manipulación política, a menudo responden a estrategias bien planeadas que trabajan con el viejo dicho “a río revuelto, ganancia de pescadores”, por lo que se utilizan como cortinas de humo para desviar la atención de los asuntos realmente importantes. Aunque se sabe que tarde o temprano la información falsa quedará expuesta como tal, funciona para ganar tiempo y distraer, denostar a personas y facciones políticas y hasta para minimizar las luchas subalternas de las minorías.

Las noticias falsas también se nutren de las teorías de conspiración. Hay personas y grupos que están en serio convencidas de historias que contradicen las versiones oficiales o aceptadas por las mayorías. El exceso de escepticismo lleva a la duda irracional y se llega al extremo de crear versiones basadas en lo que les parece “lógico”. Así, aunque cuesta creerlo, han prosperado teorías que afirman que el ser humano nunca llegó a la luna y todo es parte de una conspiración, que la tierra es plana (¡válgame!) y que hemos sido engañados para creer que es redonda. Hubo quienes negaron la existencia del virus causante de la Covid-19, insistiendo en que era una conspiración internacional de los poderosos para obligar a la gente a no salir de casa; además de quienes a la fecha creen que hay alienígenas cuyos cuerpos han sido ocultados por el gobierno o que se les han hecho pruebas de carbono 14.

Si usted es uno de los creyentes de estas teorías de conspiración espero no provocar su enojo. Está en su derecho, si así lo desea, de creer en historias y cuentos fantásticos, pero es poco ético presentar tales creencias como verdaderas, sin mostrar evidencias que permitan, a través de la racionalidad, encumbrarse como tales. Las teorías de conspiración son peligrosas porque sus panegiristas las defienden como “la única verdad” y desmantelan la confianza que se tiene en personas e instituciones. En tiempos de pandemia, el mayor enemigo de la prevención fue la desinformación, que no sólo condujo al escepticismo sobre la existencia del virus, sino que promovió abiertamente prácticas de riesgo para la salud.

Y hay que considerar, aunque es decepcionante, que hay personas que desinforman y crean noticias falsas respondiendo al impulso de engañar a otras personas para llamar la atención, que generan caos y miedo porque les provoca placer. Cuando recibimos un enlace con información falsa, cuesta creer que alguien se tomó el tiempo de inventar una mentira intencionalmente con la única y llana intención de engañarnos, pero muchas veces es así. Para ciertas personas, inventar rumores es una manera de ganar atención, aunque sea momentánea, es consecuencia del ocio o del aburrimiento, e incluso de una mala intención para difamar o asustar. No debemos menospreciar la posibilidad de que cierta información es resultado de prácticas maliciosas que no guardan una finalidad práctica específica.

Es cierto que influye la falta de educación y las creencias y prejuicios de las personas. Muchas de ellas están convencidas de sus conclusiones y buscan confirmación de parte de otras personas que piensen como ellas. Este es el caso de los propagadores de discursos de odio en contra de las minorías, de los promotores de cultos religiosos o dogmáticos y de los creadores de soluciones mágicas a problemas complejos. También influyen la falta de conocimientos sólidos, la desactualización y una débil actitud crítica ante la información que se recibe.

Una vez creadas, las noticias falsas se propagan fácilmente por razones parecidas. Como apelan a la emocionalidad, las personas suelen reaccionar con rapidez ante lo que les genera incertidumbre o miedo, muchas veces con la intención de poner sobre aviso a sus conocidos y seres queridos ante lo que consideran peligroso. También se sirven del morbo y la curiosidad, pues hablar de ellas resulta divertido y atractivo y estrecha los vínculos sociales cercanos, pues como sabemos el rumor siempre ha cumplido una función social.

Pero lo más preocupante en la propagación de noticias falsas es la falta de alfabetización digital y de herramientas para proceder críticamente ante la información. Muchas personas son incapaces de diferenciar una fuente confiable de otra que no lo es, y el hedonismo juega un papel crucial, pues la falta de verificación a veces sólo ocurre a consecuencia de la pereza. Es importante que seamos capaces de analizar el contenido y su intención, de buscar más de una versión, de comparar la información, definir cuáles fuentes son creíbles e identificar los enunciados ambiguos o que no pueden probarse. Parte de la replicación de las noticias falsas recae en la falta de procedimientos racionales para hacer frente a la información, por lo que todos somos responsables de sus efectos dañinos.

Por eso, la próxima vez que recibas un mensaje sospechoso que te cause miedo o curiosidad o te topes con él en la web y sientas la necesidad de replicarlo, primero somételo a análisis, verifica en más de un sitio si es veraz e investiga cuáles son los canales oficiales o más confiables. Evita reenviar información cuya veracidad no puedes probar e investiga su origen. Racionaliza tu emoción y actúa críticamente para frenar la cadena de la desinformación.

 

Manchamanteles

Febrero, mes del amor—y el desamor—de la esperanza vacua y de los sueños imprecisos, nos trae poemas para dedicar al ser amado y odiado, al amigo y al ideal romántico que no sabe de nuestra existencia. Comenzamos con un fragmento del poema de Jaime Sabines, “Te quiero a las diez de la mañana”

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once,

y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y

con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia.

Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me

pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la

comida o en el trabajo diario, o en las diversiones

que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con

la mitad del odio que guardo para mí.

[…]

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente.

[…]

Ya ves ¿Quién

podría quererte menos que yo amor mío?

 

Narciso el obsceno

-Mamá, ¡el bebé se cayó!

-¡Gracias al cielo! Hacía falta un poco de silencio.

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