Morena: herencia robada

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Ah-Muán Iruegas.

El 2 de octubre es una herencia de la izquierda mexicana y es el principal movimiento social de la posrevolución. Pero dos morenistas de hoy, expriistas decrépitos, se quieren robar esa herencia: Porfirio Muñoz Ledo y AMLO.

AMLO empeñó su palabra el pasado 2 de octubre, fue a la Plaza de las Tres Cultura y dijo que nunca más habrá represión ni “autoritarismo”. Pero en un momento relativamente cercano al 2 de octubre de 1968, AMLO ingresó al Partido Revolucionario Institucional… y hasta le compuso un himno al PRI.

Muñoz Ledo, zalamero sin par, salió a cantarle a Díaz Ordaz, luego de la matanza. Me imagino que estaba muy necesitado del cariño presidencial, pues siguió adorando a todos los presidentes priistas, hasta 1988. Luego se fue a la izquierda con Cuauhtémoc Cárdenas, luego a la derecha con Vicente Fox, luego otra vez a la izquierda –según él- con Morena. No sé si Muñoz Ledo es un derechista o es un izquierdista; ni creo que a él mismo le importe. El tipo es un mantenido, que vivió de la ubre presidencial y presupuestal durante décadas y ahora lo va a hacer como diputado tres años más, con una estampa de Morena en la frente.

Para tratar de deslindar a Morena del movimiento estudiantil de 1968, trataremos de señalar unas cuantas diferencias y semejanzas.

La alianza de corrientes disímbolas de izquierda fue una de las características del movimiento estudiantil de 1968. En dicho movimiento hubo tanto revolucionarios como reformistas, pero eran todos de izquierda. Había leninistas, maoístas y otros grupos marxistas.

Pero al mismo tiempo, hubo corrientes casi oficialistas que se unieron al movimiento, como la que representaba el propio rector Barros Sierra, que se sumó al movimiento y encabezó algunas de sus manifestaciones. Eso significó una cierta ruptura en el oficialismo, y llevó a que los propios catedráticos universitarios apoyaran a sus alumnos, sobre todo luego de la toma de la UNAM por el Ejército.

Aunque los apoyaron algunas amas de casa (yo conocí una: Socorro Sánchez de Flores) y un cierto número de obreros y campesinos, el núcleo del movimiento eran gente de clase media ilustrada: estudiantes y profesores. No era el “pueblo de México” si por ellos entendemos gente muy humilde económicamente, sino futuros profesionistas, a quienes sus maestros, es decir otros profesionistas, los salieron a defender -aunque estaban tan indefensos como los propios estudiantes.

Como digo, aunque la composición y las demandas generales del movimiento, eran las propias de reformistas de clase media, la ideología era muy radical en algunos de sus miembros. Algunos planteaban tácticas revolucionarias e iban a las fábricas a buscar alianzas con los obreros, como los comunistas -pero fracasaron- e incluso hubo miembros de la Liga Comunista Espartaco, algunos de cuyos miembros formaron incluso antes de 1968 una pequeña guerrilla urbana en el D.F., que buscaba la democracia a través de la violencia política.

Hoy, Morena tiene una muy lejana similitud con el movimiento de 68, por ejemplo en cuanto a que tiene aliados muy disímbolos en sus filas. Sin embargo, el movimiento del 68 y Morena se distinguen en una cuestión: Morena no es de izquierda.

Morena es una alianza de los expriistas como AMLO y Porfirio Muñoz Ledo, con izquierdistas reales como Paco Ignacio Taibo, derechistas como Manuel Espino y burgueses descarados como Alfonso Romo. Eso augura una próxima ruptura, una noche de cuchillos largos entre morenistas, sobre todo si AMLO muere durante su sexenio.

De manera que, si hay derechistas y burgueses en sus filas, Morena no tiene nada qué heredar del movimiento izquierdista del 68. Cualquier cosa que quieran tomar de éste, es un robo.

El movimiento del 68 ya comenzaba a debilitarse cuando el Rector presentó su renuncia –no le fue aceptada-, pues implicaba el rechazo al radicalismo y consistía en una salida reformista que tampoco triunfó, pues los negociadores de Díaz Ordaz habían logrado ciertos avances –se reunieron en la casa de Barros Sierra con los representantes estudiantiles- pero fueron sorprendidos por el 2 de octubre.

Por su parte, ciertas rupturas o fracturas en Morena ya han podido verse en las discrepancias entre Dolores Padierna y Mario Delgado, o bien en las admoniciones o regaños de AMLO al pueblo (!), cuando el sabio pueblo le reclamaba su apoyo al muy cuestionable gobernador de Morelos, el exfutbolista Cuauhtémoc Blanco.

Algo que contrasta notablemente entre ambos movimientos, es la astucia notable y el maquiavalismo del grupo diazordacista, muy distinta de cierta ingenuidad o torpeza que se percibe en Morena y en AMLO. Mientras Echeverría ponía trampas a los militares y hacía matarse unos a otros, AMLO lastimosamente no tiene recursos ni para responder decorosamente a los cuestionamientos de la prensa, y contesta diciéndoles “fifís” y besuqueando a las reporteras que tienen la desgracia de toparse con el anciano galán.

El movimiento del 68 fue un movimiento libertario y heroico, un grupo de verdaderos mártires. Mientras que Morena es un movimiento compuesto de arribistas o charros sindicales como Napito, como Porfirio Muñoz Ledo, como el nieto de Elba Esther Gordillo, como Sosa, el fabricante de fraudes priista e hidalguense y como el resto de sus próceres.

Morena no es ningún grupo libertario. Para nada. Todo miembro de Morena está “apergollado”, sojuzgado por su líder. Pues ni siquiera le pueden reclamar a su Mesías que siga apoyando al pseudo atleta Cuauhtémoc Blanco.

¿Dónde está la libertad de expresión, si Obrador sale a callar a los propios morenistas, ante un reclamo más que legítimo? La postulación del futbolista Cuauhtémoc Blanco como gobernador de Morelos, es no sólo una afrenta al pueblo, sino una verdadera vulgaridad.

Morena llevó al gobierno a asesinos y cómplices. Asesinos como Manuel Bartlett, mandadero de Morena en la CFE. Otra asesina como Elba Esther Gordillo –mandó matar al profesor Misael Nuñez Acosta- es lactante de AMLO y la salió a defender Tatiana Clouthier, durante la campaña presidencial. Y un encubridor de la matanza del 68, como Porfirio Muñoz Ledo, va a tener la desvergüenza de ponerle la banda presidencial a Andrés Manuel López Obrador.

Róbense en Morena sus fideicomisos, como el del dinero del temblor. Háganle una estatua a Elba y adórenla. Amamanten a ultraderechistas como Manuel Espino, del grupo El Yunque. Nutran su telebancada con Lilly Téllez y Esteban Moctezuma. Hagan todo eso, pero…

Pero ya no vengan los de Morena a las marchas del 2 de octubre. Si vuelven a venir, las más bellas chicas les “sacaran la lengua”, si no es que los apedrean. Ustedes mismos se lo han buscado, con su lista de suciedades –hacen una, semanalmente-.

Antes de ponerse a alegar alguna de sus excusas, mejor deberían intentar formular sus propias reivindicaciones y no las que diga su Mesías. Morena está podrida. Seguramente el célebre profesor Alan Touraine pensaba en ustedes cuando hablaba de la “transformación de actores en descomposición en actores capaces de formular sus propias reivindicaciones” (*).

Morena, si está sojuzgada por AMLO, está en descomposición. Los morenistas deberían ser capaces de formular sus propias reivindicaciones. Pero esto nunca ocurrirá: primero se mueren antes de corregirle sus tarugadas al Mesías. Y menos devolverán la herencia que se robaron.

(*) En el prólogo que escribió Alan Touraine al libro de Sergio Zermeño “La sociedad derrotada”, México, Editorial Siglo XXI, pag. xii