La nota roja del Senado

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Alejandro Zapata Perogordo.

Otro órgano que pasa a formar parte del descrédito institucional dentro del programa para mermar los endebles contrapesos, es el Senado de la República. La incondicionalidad de una mayoría de Morena comandados por su líder Ricardo Monreal, en aras de una obediencia ciega para sacar adelante la línea trazada por el jefe supremo, los puso en evidencia pública al traicionar los principios democráticos que tanto han defendido, en el absurdo afán de imponer a la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos humanos.

Esa actitud no solo ha sido denigrante para los senadores morenistas, sino que ha puesto en entredicho a una de las más altas instituciones del país, el acto autoritario nos coloca frente a la comunidad internacional que ha cuestionado severamente la frágil democracia mexicana, en una posición de tramposos, mentirosos e incongruentes.

Aunado a lo anterior, también se advierte un detrimento a la CNDH, pues el nombramiento de su titular es suponer, debe encontrarse robustecido con amplios consensos a efecto de dotarlo de una verdadera independencia, autonomía y legitimidad, tal como es concebido en la constitución. No obstante, la beneficiaria de ese cuestionado nombramiento, siguiendo el famoso refrán: “haiga sido, como haiga sido”, sin recato alguno, se deja llevar por la corriente fingiendo ignorancia frente al escándalo suscitado. ¿Qué se puede esperar?

El colmo, vino en la defensa del propio Senador Monreal que, en vez de ofrecer pruebas para defender sus dichos, hizo pública una conversación telefónica privada de sus acusadores, haciendo patente la comisión presunta de un delito, sin embargo, en el México actual, ¡no pasa nada!, es la ley de la zanahoria o el garrote.

Ante tales acontecimientos difícilmente se puede calificar la administración en turno como un gobierno de izquierda, menos progresista o socialmente responsable, el adjetivo de populista les queda bien, acercándose a un régimen de corte fascista; controlador, centralista y autoritario.

Al país lo han puesto en una encrucijada, mientras por un lado existe crisis de gobernabilidad ante la incapacidad del gobierno para brindar seguridad, con una oleada de violencia brutal, nunca antes vista; la economía por los suelos, sin crecimiento y en proceso de recesión y; por otra parte, el desmantelamiento de la estructura institucional, son piedras angulares que abren paso a la fragmentación y confrontación social, a la vez de provocar desconfianza e incertidumbre al propiciar desde las altas esferas de poder un clima de impotencia, indefensión e impunidad.

La política en el Senado se ha permutado por grilla barata, predominando la mentira; el engaño; la demagogia y; ahora hasta la violencia, ¿Qué nos espera? Si esa instancia se consideraba la mas alta tribuna de la nación y el centro del dialogo y debate nacional, ahora convertido en un desacreditado prostíbulo político.

Por lo visto, el rencor y la venganza; el poder y la ambición; son factores imperantes en la 4T, que desenmascaran las verdaderas identidades de quienes se encuentran gobernando, elementos inherentes a su propia identidad que ahora sacan a la luz, nada que presumir, ¡dios nos agarre amparados!