El impeachment de Trump (novedades del reality show del que todos hablan)

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Boris Berenzon Gorn.

El juicio político en contra de Donald Trump parece ir viento en popa a favor de los republicanos. Elementos para el tan sonado impeachment no parecen faltar. Cada vez que uno de los involucrados abre la boca, el presidente de los Estados Unidos se hunde un poco más. Su salida de la Casa Blanca podría precipitarse; por momentos parece que las condiciones están dadas. Sin embargo, el panorama no es tan alentador: la mayoría republicana en el Congreso será la que tenga la última palabra, y no sería sorpresa que en el último momento le arrojen al magnate un nuevo salvavidas.

Todo empezó por una llamada telefónica que, hace unas semanas, sostuvo Trump con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Algunos medios revelaron que, en ésta, el magnate había presionado a su homólogo para realizar una investigación en contra de Hunter Biden, hijo de Joe Biden, quien fue vicepresidente durante la administración de Obama. Joe Biden es uno de los precandidatos a la presidencia por el Partido Demócrata y uno de los que más fuerza tienen a menos de un año de las elecciones. Para fines prácticos, dicha presión significaba que Trump estaba pidiendo a un gobierno extranjero que interviniera en la política de los Estados Unidos.

El escándalo no se hizo esperar. A los pocos días, pese a la resistencia de la Casa Blanca, la transcripción de la llamada salió a la luz. El contenido era el esperado: Trump había pedido a Zelenski que interviniera indirectamente en el proceso electoral de este 2020. Ahora se conoce la conversación a detalle, y se sabe que el magnate pidió al presidente de Ucrania que entrara en contacto con el fiscal general de los EE. UU., con respecto a una investigación que, según Trump, debía tener lugar en contra de Hunter Biden. Sobra decir que un procedimiento semejante sería a todas luces irregular.

Otro de los elementos más alarmantes consiste en que, al parecer, Trump pretendía condicionar el apoyo militar que proporciona a Ucrania. Días antes había congelado fondos relacionados con este apoyo sin dar mayores explicaciones. El día de la llamada, los temas de Biden y el apoyo militar estuvieron casi revueltos de tan juntos, por lo que se ha sostenido que Trump pretendía que el flujo de este apoyo se siguiera dando sólo si Zelenski accedía a intervenir en contra de Biden. Éste es un tema clave en la investigación, dado que ahora los demócratas tienen la ardua tarea de demostrar que en esta llamada hubo quid pro quo.

Quid pro quo es una locución latina que significa “una cosa por otra”. Lo que los demócratas pretenden demostrar es que Trump estaba condicionando la ayuda militar. Lo que la Casa Blanca sostiene es que esta condición nunca se manifestó de manera explícita. No hace falta ser muy listo para, al conocer la conversación, entender que el magnate sí estaba ejerciendo una especie de chantaje. Sin embargo, un proceso de esta categoría necesita que la comprobación sea lo más objetiva posible y cuente con los suficientes elementos.

Las recientes declaraciones del embajador de los Estados Unidos en la Unión Europea, Gordon Sondland, podrían haber aportado algunos de estos elementos necesarios. El pasado miércoles, el embajador aseguró que la visita de Zelenski a la Casa Blanca estaba condicionada a que abriera una investigación en contra de Hunter Biden. Además, Sondland estaba convencido de que la ayuda militar que proporcionaba EE. UU. a Ucrania era restringida por el mismo motivo. El embajador asegura que, en la Casa Blanca, todo el mundo estaba al tanto de cómo estaban sucediendo las cosas. Sondland también afirmó haber trabajado de cerca con Rudy Giuliani, el abogado personal de Trump, perfilando, codo a codo, la política que el país tendría con respecto a Ucrania durante esta administración. Semejantes declaraciones han hecho quedar en ridículo a la defensa de Trump, pues el magnate aseguraba que apenas tenía relación con el embajador.

Trump y su gente no van a quedarse con los brazos cruzados. Han encontrado respuesta para casi cualquier elemento que se ha aportado en su contra (aunque la mayoría de esas respuestas han resultado poco creíbles). De acuerdo con su versión —que vendría a ser la versión oficial—, la ayuda a Ucrania había sido congelada como una forma de presionar a la Unión Europea para que hiciera más por este país. Por otra parte, ha quedado evidenciado que Sondland trabajaba de forma directa con Giuliani y que no era un simple llanero solitario en el mundo de la política internacional.

Se dice que el siguiente movimiento de Trump será intentar desviar la atención; que su equipo se esforzará por convencer de que en 2016 también se efectuó una intervención ucraniana, pero que ésta pretendía ayudar a Hillary Clinton —en oposición a la intervención rusa que presuntamente habría llevado a Trump a la presidencia. Algunos dicen que el daño en la administración trumpista ya está hecho, pero lo cierto es que las bases del magnate parecen ser a prueba de todo. Sus adeptos nunca encuentran una razón para invalidarlo: le han justificado todo y, con seguridad, encontrarán una forma de justificarle las desastrosas acciones que lo han llevado al juicio político.

Sólo el Congreso tiene el poder de terminar con la era Trump. Si no lo hace, la decisión será de los votantes el próximo año, y esa historia ya nos la sabemos de memoria.

Manchamanteles

El día de ayer (28 de noviembre de 2019), se cumplieron 160 años de la muerte de un relevante escritor en lengua inglesa: Washington Irving (Nueva York, 1783-1859). Fuera de Estados Unidos, muchos autores estadounidenses son más reconocidos que él (por ejemplo, Edgar Allan Poe, Herman Melville o William Faulkner), pero, dentro de Estados Unidos, sólo Washington Irving y Mark Twain han logrado formar parte de la cultura de masas. Aunque la obra de Irving mejor afianzada en el canon occidental son probablemente sus Cuentos de la Alhambra (Tales of the Alhambra), inspirados por Las mil y una noches, lo que casi cualquier estadounidense conoce de él (aunque la gran mayoría, por supuesto, ni siquiera sepa quién es el autor) es el relato breve “The Legend of Sleepy Hollow”, conocido en español como “La leyenda del jinete sin cabeza”, el cual apareció en la colección The Sketch Book of Geoffrey Crayon, Gent. (El libro de escenas de Geoffrey Crayon, Gent.) y ha sido adaptado infinidad de veces al cine, la radio, la televisión, los dibujos animados, las historietas, etcétera. La vida de Irving correspondió —casi con exactitud— con el primer gran período de la historia de su país, pues nació siete años después de la Declaración de Independencia (el 4 de julio de 1776) y murió dos años antes del inicio de la guerra de Secesión (el 12 de abril de 1861). Es por lo menos curioso que, cuando murió Irving, Estados Unidos se encontraba dividido políticamente: la Unión contra la Confederación (el norte industrial contra el sur agrícola), confrontación que terminaría provocando una cruenta guerra civil. 160 años después, el famoso impeachment nos demuestra que la división persiste; ahora son republicanos contra demócratas, partidarios de Donald Trump contra opositores.

Narciso el Obsceno

Los narcisistas saborean el poder, son expansivos, egoístas y seductores lo que no significa que sean esencialmente buenos lideres pues dependen de la aprobación de otro, más que del bien común. El mayor síntoma de su egolatría es cuando -ingenuamente olvidan sus aptitudes y destrezas- y creen que lo pueden todo. Allí el narcisismo se vuelve su principal enemigo, aunque a veces parezca un aliado… Nicole Mead profesora de la la Universidad de Melbourne una las autoras de Power increases the socially toxic component of narcissism among individuals with high baseline testosterone publicado el año pasado, destaca que: “Los narcisistas pueden sentir que tienen derecho: esperan y exigen respeto de los demás, así como privilegios especiales. Están dispuestos a explotar a otros para obtener lo que quieren”.