Se desploma el empleo

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Alejandro Rodríguez Cortés*.

Aún antes de que se de a conocer en forma oficial el dato de crecimiento del Producto Interno Bruto Nacional durante 2019, que todo indica será negativo, comienzan a fluir otros indicadores del cierre de un año para el olvido.

Este domingo el Instituto Mexicano del Seguro Social difundió las cifras de empleo, que simple y sencillamente se desplomó el año anterior, como natural consecuencia del estancamiento económico, por no decir de la recesión en la que nos encontramos.

El IMSS reportó la creación de 342 mil 77 puestos de trabajo durante el año, prácticamente la mitad de los empleos generados en el 2018 y casi medio millón menos que en el ejercicio 2017.

Solo durante el mes de diciembre, la caída del empleo en México fue del 1.8%, atribuida por el Instituto a un fenómeno “estacional” -el fin de año- pero consistente con una tendencia a la baja de todo el primer ejercicio fiscal del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

No podía ser de otra forma.

El falso debate de que si lo más importante es el desarrollo social y no el crecimiento de la economía se estrella contra la terca realidad de que si no hay generación de riqueza hay menos dinero para repartir, no solo en las transferencias directas de dinero hacia los segmentos más pobres de la población -prioridad de la mal llamada Cuarta Transformación- sino en general a presupuestos, programas, obras y políticas públicas.

De poco sirvió entonces el muy festejado incremento en el salario mínimo, si la pérdida del empleo formal tiene este comportamiento negativo, en una economía mexicana en que además casi el 60 por ciento de la actividad productiva se ubica en la informalidad y por lo tanto ni está registrada en el IMSS ni tiene métricas y tabuladores salariales.

El gran reto de recuperar crecimiento durante 2020, lo que se ve poco probable, no tiene que ver solo con la apuesta presidencial tempranamente perdida de expandirnos un 4% anual promedio, sino con la creación de puestos de trabajo bien remunerados y generación de los recursos que ya están peligrosamente escaseando para necesidades tan básicas como la salud pública.

Es verdaderamente criminal que los apologistas de la 4T sigan tratando de minimizar estos indicadores -ya sea sumando becarios del programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” a las cifras de empleo o restándole importancia al mismísimo crecimiento del PIB- en vez de sugerir el golpe de timón necesario para que la economía repunte.

De cualquier forma, esto no será fácil, con una inversión privada paralizada, una recaudación fiscal a la baja con un gasto público monumental en programas sociales, y con el desastre que ya está implicando el desorden y la falta de recursos en el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar, que debe atender a más de 50 millones de mexicanos que hasta hace unos días contaban con el Seguro Popular.

Se extraña el muy criticado ritmo de 1.7 o 2 por ciento de crecimiento, y será difícil retomarlo si se mantiene la incertidumbre generada por la falta de garantías a esa muy necesaria inversión, con todo y ruidosos anuncios con empresarios en las mañaneras, que ya suman varios sin que se detone el flujo de recursos.

En fin, mal inicia el año cuando el empleo nace ahorcado en enero.

Pero, venga 2020. Todos a hacer nuestra parte: trabajar y tributar. Que tengan, pese a estas líneas, un buen año.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista

@AlexRdgz