El dicharacho no es trasferible

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Rubén Cortés.

Los galleros le llaman a eso “un gallo dichoso”. Y George Bataille hablaba de lo mismo al referirse a “la voluntad de suerte”. Queda para los estudiosos definir cómo se llama el encantamiento que vive el presidente para que, todo lo que dice, caiga tan bien. 

Aprendiz de carterista, blanquito, camajanes, corruptazo, cinicazo, fichita, fifí, machuchón, mapachada de angora, minoría rapaz, monarca de moronga azul, mafia del poder, pirrurris, sepulcro blanqueado, neoporfiristas, conservadores… todo se lo celebran. 

Lo explica Héctor Aguilar Camín:

 “Vemos a un Presidente popular blindado contra la crítica en su retórica. Su retórica es eficaz, penetrante, única en nuestro medio. Se permite todo, el buen humor y el sarcasmo, la frase inspirada y la palabra hiriente, la prédica moral y la vulgaridad callejera”. 

Sin embargo, provoca rechazo si quien lo hace es otro integrante de la 4T, como ocurrió el pasado fin de semana, cuando el gobernador de Baja California dijo que los empresarios están “chillando más que un puerco atorado en un cerco”. 

Antes, otros habían entrado con escandaloso fracaso a la imitación de los dichos que sólo a su jefe le están saliendo bien: 

El más reciente fracaso había sido el del negociador del T-MEC, Jesús Seade, que, a falta de talento para responder a una información del periodista Carlos Loret de Mola, optó por hacerse el gracioso: 

Loretito, como muchos te dicen y ahora entiendo por qué, pierdes una tras otra pero sabes cómo seguir distorsionando y mintiendo.

No me quiero ni imaginar qué te mueve. 

Después tuvo a bien disculparse: 

Respeto mucho a tu gremio y no me gusta un tuit hostil que te mandé.

Antes, otro infortunado fue Manuel Bartlett, cuando le preguntaron si había hablado con el presidente el tema de sus 23 casas y 12 empresas y él respondió diciendo que solo habían hablado del Tren Maya y su respuesta fue: “Chú chú chú/ chú chú chú”. 

Y el gobernador de Puebla, Manuel Barbosa, quien dijo que el ex gobernador de Puebla (Rafael Moreno Valle) y la gobernadora electa (Martha Erika Alonso) habían muerto en un accidente de helicóptero porque los “castigó Dios”. 

Se trata de una incontinencia verbal de un nivel educativo que no solía ser registrado en nuestra cosa pública, y cuyo más reciente ejemplo es el del gobernador Bonilla, un violador de la Constitución al reelegirse, pues lo eligieron por dos años y gobernará cinco.

La Corte tiene su caso en proceso, pero ya Bonilla se brincó la ley, ganó una “consulta al pueblo” y la secretaria de Gobernación le adelantó ante cámaras que “es legal (la relección) porque la norma está vigente. Para mí la norma va a pervivir”.

Mientras, Bonilla hace chistoretes sobre puercos.