Severa y alarmante epidemia

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Marissa Rivera.

Sentado en el patio y con los brazos cruzados, Adolfito mostraba su enojo. Le contó a su padre que su madre no le quería dar una hamburguesa, porque según ella, estaba muy gordo. El papá intercedió y le propuso hablar con la mamá para que le diera una hamburguesa a lo que Adolfito respondió que una no, que él quería cuatro.

Se trata de un video que se viralizó hace más de dos años y que provocó la risa de millones de personas. Sí, está divertido, pero también preocupante.

Hoy en México el sobrepeso y obesidad es un problema de salud grave que vimos venir y lo dejamos llegar. A nivel mundial nuestro país ocupa los deshonrosos primeros lugares tanto en adultos como niños. Somos un país de gordos y no es poca cosa.

El 73 por ciento de los mexicanos adultos son obesos y el 34 por ciento padece obesidad mórbida. Hace 24 años, en 1996 solo el 20 por ciento de la población era obesa.

En el caso de los niños, el porcentaje pasó de 7.5 por ciento en 1996 a 15 por ciento el año pasado. Un aumento exponencial.

Pero a pesar de estas alarmantes cifras, poco o casi nada estamos haciendo, en todos los ámbitos, para revertir el problema.

Ni en la casa ni en la escuela, ni el sector salud y menos en los tres órdenes de gobierno, se le ha dado la importancia que requiere.

José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, puso el dedo en la llaga. Advirtió que el problema es “muy severo” y que la obesidad reduce más de 4 años la esperanza de vida de los mexicanos.

Además, la obesidad provoca una reducción del PIB en México del 5.3 por ciento (1.3 billones de pesos), en comparación con el resto de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que pierden 3.3 por ciento. 

La Organización Mundial de la Salud alertó que, en 2025, 70 millones de niños menores de cinco años tendrán sobrepeso o serán obesos. Imagine usted la cantidad de enfermedades que tendrán en la edad adulta.

El deterioro de nuestros hábitos alimenticios ha generado muchos kilos de más y estos han provocado un creciente número de muertes por enfermedades como diabetes, cáncer de estómago, colon y mama; enfermedades cardiovasculares; hipertensión arterial y muchos más, vamos, hasta emocionales.

Del ejercicio, ni hablar. El sedentarismo tiene un lugar privilegiado, mientras en las calles, en las esquinas, en los centros comerciales y donde quiera que usted voltee, vemos adultos y niños obesos comiendo tacos, tamales, quesadillas, hamburguesas, pizzas, comida rápida poco saludable y alimentos procesados que no nutren, pero si suben de peso y dañan la salud, por ejemplo.

También están los alimentos chatarra, con alto nivel calórico, de azucares añadidos, sodio y grasas saturadas, que desbancaron a los alimentos frescos y preparados en casa.

Ante la ausencia de medidas públicas integrales para atacar de manera frontal el problema, debemos como sociedad hacer conciencia de la severidad del problema.

Si no lo hacemos, de nada servirá la nueva guía nutricional de los alimentos procesados que indica de manera más clara lo que nos vamos a comer, ni el aumento de impuestos a alimentos chatarra, ni la prohibición de venderlos en las escuelas.   

La epidemia de sobrepeso y obesidad nos obliga a entender desde el hogar lo peligrosa que es para la salud. Además de que nos está quitando años de vida.

Hagamos a un lado el sedentarismo y fomentemos los buenos hábitos alimenticios. Lo preparado en casa es mejor y barato.

https://www.youtube.com/watch?v=5Yzk6dMZ2qE