Trump: a tambor batiente

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

No es muy fácil argumentar causas geopolíticas a procesos electorales, porque se ven como procesos distintos; de hecho, se estudian de manera independiente. Lo electoral se ve únicamente circunscrito al ámbito nacional, mientras que lo geopolítico se infiere de inmediato, al escenario de las pugnas internacionales. Es la costumbre de los especialistas por insistir con ese divorcio analítico.

Lo anterior es una contradicción evidente, metodológicamente hablando, porque todas las referencias al estudio de las políticas internas históricas, se sustentan en las consideraciones no sólo de contexto, sino de injerencia de las potencias, al interior de los escenarios domésticos de un pueblo. Cualquier estudio de una nación en el pasado, como por ejemplo el pueblo judío en los tiempos de Jesús en la tierra, destaca el papel sobresaliente de la hegemonía del Imperio Romano. Y si hablamos de la política de España en los tiempos del inicio de la independencia de México, necesaria y preponderantemente destacamos las líneas determinantes del Imperio Napoleónico, y así sucesivamente.

Pero el prejuicio nacional impide asociar asuntos de incumbencia interna como son las elecciones, con asuntos de poder mundial o regional, que tienen una carga que se supone no debería tomarse en cuenta. Semejante puerilidad intelectual es aldeana, es una reminiscencia de auto visualizarse como los mexicas, en el “ombligo del mundo»; como el Inca, “hijo del Sol» o como fueron los emperadores de China y Japón, este último obligado por Douglas Mac Arthur, al término de la segunda mundial a declarar públicamente que no era un dios, sino un humano. Cosa que los japoneses no creyeron, de pasada siguen creyendo los más, que nada ni nadie está por encima de ellos. Chabacanada que se pone de manifiesto cuando EUA con sus consabidas represalias arancelarias, le demuestra su lógica fragilidad humana.

Aún así tienen emperador venerado para rato.

El prejuicio nacional impide ver hoy, lo que si vemos en el pasado.

Pero en términos de análisis político se tienen que poner en su riguroso peso de poder, los factores reales de la política, porque las utopías como los sueños guajiros y las bravatas, son seudo recursos para evadir lo que si se debe y se pueda hacer con esfuerzo. Hacerse en la mente un castillo y ponerlo por escrito y bien dicho, es poesía; algunos poetas le quieren hacer al político, otros expertos en esas oníricas construcciones, son llanamente mentirosos y si son buenos oradores, hasta la gente ávida de fantasías puede votar por esos hábiles embaucadores. Sin que esos votos entregados a la volatilidad, hagan mucho por ellos.

Eso es una de las características de la democracia, o se hace creer en sueños imposibles o se les acerca a los ciudadanos a la realidad y trabajar para mejorar un poco lo que ya se tiene.

Los demócratas en Estados Unidos generalmente son los de izquierda de allá y convocan a gente que come tres veces al día y tienen posibilidades de empleo, a escaparse como lo hacen con las drogas, en este caso, hacia una utopía americana que nunca cumplen. El último demagogo Obama, dejó a los hispanos, así se les dice en la determinante clasificación racial y oficial de EUA, a los de orígenes iberoamericanos, colgados de la brocha en el tema migratorio; y también en la imaginaria, a todos los ciudadanos utopistas en el tema de salud que proponía.

Así que lo del juicio político a Trump no o lo podíamos considerar como algo mínimamente serio, era una jalada de cabellos, reflejo de la desesperación de los demócratas por detener una transición geopolítica que los saca por algún tiempo de la competencia electoral real, porque como no tienen esquema, ahora traen candidatos “marxianos” como les decía a los marxistas el eminente maestro de sociología de Harvard, Daniel Bell.

Porque Sanders el favorito de los demócratas es eso, un socialista trasnochado. Sigue anclado las glorias de las protestas de Berkeley y las reminiscencias de las canciones de hace 50 años de Joan Baez, una hispana de Tamaulipas.

Así que en el Senado solo voto un republicano, Mitt Romney un asociado a la utopía erótico religiosa de Joseph Smith. Un marginal de la doble moral. Los demás apabullaron la estrategia de Hillary y la Pelossi.

El otro factor es uno también bien real, como dijo en New Hampshire un joven hispano demócrata entrevistado, nada más y nada menos por la CNN, la difusora de los demócratas: “con Trump ha habido una mejora en la economía”, ¡zas!

La verdad de lo que se quiere en política: no es un candidato simpático o de las maneras inútiles de lo “políticamente correcto”, se busca uno de verdades, que suban la economía, lo demás es lo de menos. Por eso pienso que Trump se va a reelegir si no sucede una verdadera sorpresa; y esa sorpresa, tendría que ser geopolítica, un tema que por ahora, le favorece.