El día que nos quedamos en casa / Día 1

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Boris Berenzon.

El canto de Omara nos sigue cobijando. Hace un par de días transmitió desde su hogar, en La Habana, un concierto para levantar los ánimos. La isla ya había cerrado sus fronteras, pero Portuondo nos seguía ofreciendo el corazón.

La escena se repite por las calles europeas, en los balcones. Aquí y allá, los virtuosos intentan poner el arte al servicio de la gente. En Barcelona, la soprano Begoña Alberdi regala su música a los vecinos y esas pequeñas muestras de aprecio por el otro nos dicen que aguantemos, que el sol saldrá mañana.

Pero la oscuridad es innegable. También en España, militares encuentran los cuerpos de ancianos abandonados y muertos por el COVID-19. Nuestras desigualdades salen a flote. Nuestros olvidos. En Italia, los mayores también se van sin decir adiós. Un grupo de piadosos, en el Hospital de San Carlo, en Milán, compra tablets para permitirles despedirse de sus familiares. Las almas que se han querido, cuando se alejan no vuelven más, seguimos oyendo a Omara.

De repente, todo parece hablar del tema. Abro un libro. Rosa Montero: La ridícula idea de no volver a verte. Habla del dolor, de la pérdida, del aislamiento. “Es como hablar un lenguaje que nadie más conoce. Es ser un astronauta flotando a la deriva en la vastedad negra y vacía del espacio exterior. De ese tamaño de soledad estoy hablando”.

En México, la OMS asegura que hemos llegado a fase 2, la de transmisión local. Mientras tanto, en las calles, la humanidad replica su tradicional batalla entre la bondad y el egoísmo más cínico. Los empresarios “invitan” a sus empleados a darse de baja “voluntariamente”. A media crisis. Cuando son ellos los que vacían los supermercados de víveres. Son ellos los que ya están en su refugio. Pero a su gente, la dejan desprotegida.

En la contraparte, varios restauranteros salen a decir que no piensan correr a nadie, que morirán “en la raya”, como los reyes, como los capitanes. Ésa es la nobleza, en su acepción de “honroso, estimable”. Y en otros sitios caminan los fantasmas del vacío que todos tenemos.