“El Chicharito” Hernández vale más que AMLO, sin duda alguna

Carlos Arturo Baños Lemoine / Ciudadano Cero

Carlos Arturo Baños Lemoine.

Frustrado por el fracaso que su ridícula rifa del “avión presidencial”, el Presidente Andrés Manuel López Obrador sermoneó al pueblo de México por su falta de solidaridad con los pobres. Asimismo, aprovecho la ocasión para condenar a la riqueza y sus placeres. ¡Todo un Savonarola!

El deleznable espectáculo tuvo lugar el pasado martes 25 de agosto, en el marco de su catequesis matutina disfrazada de conferencia de prensa y de “diálogo circular”.

El tema del “amor al prójimo”, de inspiración cristiana, le sirvió al Presidente para condenar y reprobar los altos salarios de los deportistas de alto rendimiento y de alta competitividad, ésos que se desempeñan en las ligas comerciales.

Así habló el predicador de Palacio Nacional, interpelando al pueblo de México:

¿Quieres que continúe la corrupción? ¿Que se sigan robando el presupuesto? ¿Que sigan haciendo jugosos negocios al amparo del poder? ¿Que siga gobernando el crimen organizado? ¿Que siga siendo México un país de la delincuencia de cuello blanco o de la delincuencia organizada? ¿Quieres que se tenga una prensa, medios de comunicación, subvencionados? ¿Quieres tener intelectuales orgánicos vendidos o alquilados al régimen? ¿O quieres que haya un verdadero Estado de Derecho, que haya libertades, que haya democracia, que se tenga como forma de vida, como forma de gobierno la honestidad, que no se compren conciencias, que no se compren lealtades, que no se compren votos, incluso que se viva en la justa medianía, no con las extravagancias que han caracterizado a los gobiernos y a las sociedades del mundo, los lujos?

Con esto del COVID… Bueno, hasta en el deporte. ¿Le van a seguir pagando a un deportista tanto, tanto, para que tenga uno, dos, tres, cuatro, cinco, 10 Ferraris? ¿En un mundo tan desigual va a seguir siendo lo material lo que rija?

Ya saben, la demagogia maniquea y lacrimógena de por medio: los “pobres buenos” y los “ricos insensibles”. La nueva versión de Nosotros los pobres y Ustedes los ricos. Vulgaridad extrema, como siempre, la de López Obrador.

Resulta preocupante la ignorancia del López Obrador en materia económica, porque buena parte de la dirección de un país guarda relación con los asuntos económicos. De hecho, desde antes de la aparición de pandemia de COVID-19, México ya estaba pagando las consecuencias de la brutal ignorancia de López Obrador en materia económica.

¡Ahora hasta le molestan los altos salarios de los deportistas de alto rendimiento! ¡Caramba!

Desde su brutal ignorancia, López Obrador desconoce que el valor de las cosas, de las mercancías, viene dado por la voluntad de compra de los consumidores, por el interés que tenga la gente en adquirir la mercancía de que se trate. Así de fácil y así de sencillo.

Estamos hablando, claro está, de la teoría subjetiva del valor de la Escuela Austriaca de Economía, con claros antecedentes en la Escuela de Salamanca.

Obvio es que las mercancías que tienen cualidades extraordinarias tendrán un valor extraordinario, lo que se traducirá en un precio extraordinario. Así de fácil y así de sencillo.

Si nos situamos en el mercado de las actividades deportivas, resulta lógico que un deportista con cualidades “fuera de serie”, así reconocidas por los fans, tendrán salarios exorbitantes. Esto lo determinan los fans, porque son éstos quienes destinan parte de su dinero a consumir los espectáculos deportivos de su preferencia.

Millones de personas pueden patear un balón de futbol, pero ¿cuántos individuos pueden patear un balón con la maestría y la majestuosidad de Lionel Messi o de Cristiano Ronaldo?

Por ello, Messi y Ronaldo ganan millones de euros. Y si alguien quiere ganar lo que ganan Messi y Ronaldo, tendrá que patear el balón como lo hacen Messi y Ronaldo. Así de fácil y así de sencillo.

Y, también por ello, nadie en su sano juicio pagaría hoy en día millones de euros o dólares por ver jugar a un panzón chavista como Diego Armando Maradona, salvo que sea para uno de esos juegos de caridad, lástima o nostalgia.

Así de crudo, duro y realista es el mercado. Se trata del sube y baja de la vida misma, donde nadie tiene asegurado el ingreso: cambios abruptos en la economía han acabado incluso con fortunas ancestrales.

Por infortunio, en México tenemos un Presidente brutalmente ignorante en materia económica. Por eso López Obrador se atreve a cuestionar los altísimos salarios de los deportistas de alto rendimiento y de alta competitividad; salarios que han sido ganados de manera justa, porque nadie obliga a un fan a comprar un boleto o a comprar una playera. Su dinero, sus preferencias.

Y, de igual manera, debemos sostener que los jugadores que ganan millones tienen todo el derecho de disponer de sus ingresos según los dictados de su rechingada gana, que por algo es su dinero. Si ellos quieren gastar su plata en residencias lujosas, cirugías estéticas y automóviles de colección, muy su problema. Si lo quieren gastar haciendo donaciones de comida para paliar la hambruna en África, muy su problema.

Esto tampoco lo puede comprender un ignorante demagogo como López Obrador, porque su ideología marxistoide le impide reconocer el alcance de los derechos de propiedad. Donde hay riqueza privada, López Obrador sólo ve “explotación del hombre por el hombre”. Así fue adoctrinado en las aulas de la UNAM.

Está claro que López Obrador está frustrado y ardido porque su rifita ridícula del “avión presidencial” no pegó: los consumidores no creyeron en su proyecto, ni siquiera los consumidores que votaron por él, ni siquiera sus huestes de parásitos mamadores de la teta pública… ¡qué vergüenza!

Y esto último resultaba esperable, porque, quienes votaron por López Obrador, lo hicieron para obtener dinero público a través de dádivas y limosnas (dizque “programas sociales”), no para comprar boletitos de la Lotería Nacional sólo para darle gusto al Nerón de Palacio Nacional.

Para que se vendan los boletitos de la rifa, el aparato burocrático de MORENA-4T incluso ha tenido que presionar a servidores públicos y a militantes.

Pero López Obrador jamás entenderá por qué suceden así las cosas. Por algo escribe libros grotescos de “economía moral”… ¡vaya pifia!

Y tampoco lo entenderá porque, además, López Obrador es un gerente incompetente y cínico… ¡miren que cobrar 108 mil pesos al mes por estar llevando a México a la ruina!

Si México fuera una empresa y ustedes, mis apreciables lectores, fueran miembros del Consejo de Administración, ¿desde hace cuánto ya hubieran despedido a López Obrador? La analogía es perfecta. Yo ya hubiera corrido a López Obrador por incompetente y cínico.

¡Ah, pero gracias al voto de quienes están acostumbrados a vivir colgados de las tetas del erario público, México debe soportar a un gerente mediocre!

Así la suerte de nuestro pobre México en tiempos de la “Cuarta Transtornación Mental”…

Por eso, en el 2021 debemos pensar mejor nuestro voto.

¡Ah, y que no les quepa la menor duda de que Javier “El Chicharito” Hernández vale más que López Obrador!

 

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Este artículo de análisis, crítica y opinión es de autoría exclusiva de Carlos Arturo Baños Lemoine. Se escribe y publica al amparo de los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cualquier inconformidad canalícese a través de las autoridades jurisdiccionales correspondientes.

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