La peor versión de AMLO

Alejandro Rodríguez Cortés

Alejandro Rodríguez Cortés*.

Han pasado ya dos años, y la peor versión de Andrés Manuel López Obrador no fue la de un presidente electo anunciando la cancelación de obras en el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México; tampoco la del mandatario suprimiendo políticas públicas exitosas como estancias infantiles o fideicomisos en aceptables condiciones de funcionamiento. Ni siquiera la del más importante líder social mexicano sumiso ante Donald Trump en una espiral de concesiones que culminaron con una visita obsequiosa a la mismísima Casa Blanca.

Como nadie es profeta en su tierra, la imagen presidencial fue retratada de la peor forma posible en un Tabasco bajo el agua, donde el mandatario mexicano no fue capaz de explotar su mejor activo: la cercanía con la gente, su gente, con ese “pueblo bueno” de cuyo cariño tanto se ha ufanado por décadas.

A la tardía reacción presidencial precedida por un exhorto mañanero a los medios de no mandar reporteros a las inundaciones porque esas noticias serían usadas “sólo para golpear” a su gobierno, siguió una inexplicable estrategia de control de daños donde el mandatario ofreció a la población afectada justo lo que se activaba casi automáticamente con el desaparecido Fondo de Atención a Desastres Naturales (FONDEN), víctima del desaforado empeño de la mal llamada Cuarta Transformación por destruir instituciones.

Y el presidente de la República no pisó los terrenos donde suele sentirse cómodo porque éstos están bajo el agua y en ellos los muy sufridos tabasqueños por cuya sangre corre efectivamente pasión política, que incluye en estos días una seria molestia con su otrora amado líder, que en dos años no ha sido capaz de hacer las obras hidráulicas cuya falta tanto criticó a sus antecesores.

El extremo cuidado por no registrar escenas de descontento popular hicieron que López Obrador se subiera por primera vez -por lo menos públicamente- a un odioso y fifí helicóptero oficial desde donde se convirtió en ¡guía de turistas! Porque realmente me sorprendió el video que subió él mismo a sus redes donde sobrevuela las graves inundaciones de su planicie natal para describir dónde se encuentra tal o cual lugar, o incluso para señalar orondo dónde están sepultados sus abuelos.

Abajo había miles de personas sufriendo con el agua hasta el cuello y el caudillo que tanto gusta de las multitudes coreando su nombre solo bajó de la aeronave para grabar otra pieza en un ambiente controlado, con una toma cerrada en donde sólo se veía él y no la cantidad de personas que supuestamente le agradecían vehementemente su presencia en la anegada planicie tabasqueña.

Sin duda una crisis de imagen presidencial, que incluye un gravísimo desabasto de medicinas, con torpezas gattelianas incluidas; un repunte severo de la pandemia de Covid-19 en pleno “Gran Fin”, que se nos vendió como la gran panacea de una lejana recuperación económica, y una escalada en ciernes de la rebelión de gobernadores, que perdieron en el presupuesto autorizado para 2021 cientos de miles de millones de pesos equivalentes -¡oh, casualidad!- a las necesidades financieras para la construcción de la Refinería de Dos Bocas.

Por si fuera poco, las denuncias de prácticas de uso de recursos públicos con fines electorales y el descubrimiento de miles de supuestas firmas que resultaron provenir de personas ya fallecidas en la petición para juzgar a los expresidentes, completan el descompuesto panorama para un gobierno que sigue repitiendo hasta el cansancio que “vamos bien”.

Quizá sea solo una mala racha. Pero el presidente parece haber perdido tino en su innegable habilidad para revertir la agenda pública. Quizá por eso ahí vienen nuevas historias derivadas de la declaración de un criminal como Emilio Lozoya, a quien nadie ha visto y en cuyas versiones de testigo protegido parece basarse una nueva apelación al pasado inmediato como causante de todos los males que la 4T prometió resolver ipso facto.

Pero ya pasaron dos años y no es tan fácil evadir responsabilidades presentes. Ni siquiera porque la elección intermedia 2021 esté a la vuelta de la esquina. Habrá, hay pues, oportunidad de arrebatarle a AMLO y a su partido la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, lo que constituiría un antes y después de su gobierno, que aunque a mi juicio ya es fallido, tendría una segunda oportunidad si mantiene el control en el Poder Legislativo.

Todo dependerá que ese disgusto se traduzca en votos y que sea la vía electoral la que rectifique el paso de la Nación.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista.

@AlexRdgzCo

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