No es tu imaginación, tu perro sonríe

El proceso de domesticación de los lobos hacia los perros ha sido muy largo, aproximadamente unos 100 mil años de convivencia con el humano. En esta transformación los canes sufrieron una serie de cambios tanto físicos como neurológicos, entre los que destaca su sonrisa.

En tiempos ancestrales los lobos eran enemigos de los humanos, ¿qué pasó para que una parte de ellos decidiera quedarse con nosotros?, se cuestiona Alberto Tejeda Perea, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia.

Algunos estudiosos han planteado que cada ejemplar tenía diferencias individuales que marcaron esta adaptación a un nuevo ambiente. Es decir, algunos eran más dóciles y se aclimataron para vivir con los humanos, quienes los reprodujeron hasta obtener especímenes como los de hoy: simpáticos, dóciles y carismáticos.

Cambios

A través de la etología cognitiva (que estudia el comportamiento de los animales) se han realizado tomografías a los perros para investigar sus emociones. Descubrieron que comparten estructuras neurológicas muy parecidas a las nuestras y así se ha tratado de investigar si comparten las mismas emociones que los humanos.

Evolutivamente los lobos que se quedaron con los humanos sufrieron cambios anatómicos, por ejemplo, se volvieron más pequeños. La convivencia con sus dueños logró que su sistema límbico, encargado de las emociones, mejorará su capacidad para integrarse. 

Por lo visto, esa expresión facial que tenemos como humanos, el perro logró interpretarla: “me estoy riendo porque me la estoy pasando bien”. Y así fue que estos animales imitaron a sus dueños.

“Si en algo son buenos los perros es en leernos todo lo que es el lenguaje verbal y no verbal, es decir, la parte emocional”. Esto ha sido confirmado con la teoría de las neuronas espejo, que poseen todos los seres sociales, no sólo los perros.

De hecho, algunos especímenes exageran esta expresión y esto debe ser “porque vienen de una familia muy feliz, donde ellos entienden que esta expresión es una forma de sentirse bien.”

Aunque somos especies muy diferentes (y más parecidos a los chimpancés o gorilas) el perro es el único que como tal sonríe. Su musculatura facial les da para eso.

Un cerdo o una vaca no podrían tener una sonrisa, de hecho cuando están felices tienen ciertas actitudes como saltar o correr pero jamás sonreirán.

Más resultados

Con estos estudios de etología también descubrieron que hay dos vías básicas para actuar frente a la vida: “los que persiguen algo que les gusta y los que se alejan de algo que no les gusta”. Entonces han identificado emociones positivas como la alegría y las emociones negativas como el miedo y la agresividad.

Los perros desarrollaron a nivel anatómico un músculo que los lobos no tienen y éste les permite pedir a los humanos comida. “Se trata del cambio facial que hacen para convencernos de soy Paquito y soy bueno, dame mi galleta.”

Los perros pueden tener un coeficiente emocional mental como de un niño de tres o cuatro años. “No es de gratis que algunos los consideren perrijos, aunque esta concepción tiene varios errores”.

Actualmente se investiga si también sienten otras emociones como vergüenza, empatía, pena, entre otras.

Gaceta UNAM

 

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