El desdén de AMLO hacia Biden

Alejandro Rodríguez Cortés

Alejandro Rodríguez Cortés *.

Resulta obvio que Andrés Manuel López Obrador quería que Donald Trump se reeligiera como presidente de los Estados Unidos.

Lo vimos desde su extremo cuidado en el trato que le dispensó al millonario durante sus dos últimos años de gobierno -los dos primeros del mandato obradorista- y de su amplia cooperación en materia migratoria, hasta la visita mexicana a la Casa Blanca en plena campaña reeleccionista, donde no hubo ni siquiera el menor interés de acercarse ya no digamos al entonces candidato Joe Biden o a su equipo, sino a algún representante del Partido Demócrata.

La apuesta se perdió y el claro triunfo electoral de la fórmula Biden-Harris de noviembre pasado hizo pensar en que la mal llamada Cuarta Transformación tendría un “plan B” ante la certeza plena de lidiar con otra contraparte norteamericana en lo que resta del sexenio. Y me refiero primeramente a una estrategia de control de daños y buena voluntad hacia el mando de quien es el país más poderoso del mundo, nuestro principal socio comercial y vecino cercano en una de las relaciones bilaterales más intensas y complejas del mundo.

Pero el desdén manifiesto de no reconocer inmediatamente el triunfo de Biden, las nuevas muestras de inentendible afecto por su antecesor y la fría felicitación por su toma de posesión, nos hicieron ver que el propósito mexicano -sería una locura pensar en un torpe y negligente descuido diplomático- es el de una relación distante cuyo fin no sería otro que el de revivir el discurso del anti-imperialismo yanqui con fines electorales de cara a una elección intermedia que parece complicársele a la 4T y a su cada vez más enredado partido Morena.

Aunque México no fuera prioridad en la agenda de Joe Biden, centrada en combatir la pandemia, superar el encono y polarización social interna y recuperar la institucionalidad y la diplomacia norteamericanas destruidas por Donald Trump, la frontera sur estadounidense nunca será un tema menor en la Casa Blanca. Por eso, el nuevo mandatario mandó señales políticas a pesar de que López Obrador hizo retumbar el salón Tesorería de Palacio Nacional con una chocante declaración de que “no era urgente” una llamada telefónica con Washington, aunque todos supiéramos que sí lo era.

En juego está más de medio billón de dólares de intercambio comercial al año, miles de kilómetros de una de las fronteras más transitadas del mundo y millones de mexicanos trabajando en los Estados Unidos. Nada más lejos de algo que fuera poca cosa.

Pero López Obrador mantuvo su línea.

La llamada telefónica llegó, y Biden le dio un lugar estelar porque se dio casi inmediatamente después de haber charlado con su otro socio comercial, el primer ministro canadiense Justin Trudeau. Otra señal que fue desdeñada por el gobierno mexicano. ¿Por qué?

Esa charla, de suyo importante debo insistir, se dio increíblemente fuera de un entorno oficial, serio, digno de la relación entre dos naciones intrínsecamente ligadas y co-dependientes.

Porque, de gira por Monterrey, el presidente López Obrador decidió tomar esa llamada ¡en el despacho particular de un excolaborador de la administración pública federal mexicana! Sí, aunque parezca increíble, al mandatario mexicano pareció importarle más enviar el mensaje de que todavía es amigo de Alfonso Romo que darle relevancia oficial a su primer acercamiento con la Oficina Oval.

Otro mensaje, para mí ominoso, además de difundir la fotografía en la sala de juntas de Grupo Pulsar, la empresa de Romo: las ausencias de Tatiana Clouthier, nueva Secretaria de Economía que supuestamente velará por el buen funcionamiento del tratado comercial de Norteamérica en beneficio de las empresas mexicanas, y de quien será el nuevo embajador en Washington, Esteban Moctezuma Barragán.

Demasiadas señales de desdén. Demasiada falta de seriedad diplomática. Nada que ver con lo obsequiosos que fueron con el impresentable millonario neoyorquino, cuya ausencia del escenario internacional han hecho un poco mejor este mundo en unos cuantos días.

¿Y quieren todavía otra señal más? “Izquierdistas” mexicanos convertidos en furiosos trumpistas, porque el “malo” de esta película será el imperialista Joe Biden.

Se vienen años difíciles.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista.

@AlexRdgz

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