¿Continuidad en el Banco de México?

Alejandro Rodríguez Cortés

Alejandro Rodríguez Cortés*.

A Andrés Manuel López Obrador no le gustan los organismos autónomos. El pretexto retórico que utiliza tiene que ver con presupuesto, salarios y prestaciones de quienes ahí laboran, pero la realidad es que los contrapesos constitucionales no le vienen bien a su estilo vertical y centralista de ejercer el poder.

Hay muchos ejemplos de ello en el primer tercio de la mal llamada Cuarta Transformación. Aquí señalo sólo algunos: materialmente se ha desmantelado el entramado regulador del sector energético, se tiene a una inmóvil estatua a cargo de la defensa de los derechos humanos, y desde el púlpito mañanero se ejerce una ofensiva despiadada y constante contra los órganos electorales y de acceso a la información pública gubernamental.

Es cierto que las promesas presidenciales nunca incluyeron preservar a la Comisión Reguladora de Energía, a la Comisión Nacional de Hidrocarburos, o mucho menos proteger y respetar al Instituto Nacional Electoral (INE) o al Instituto Nacional de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales (INAI). En eso, López Obrador ha sido consistentemente descalificador y destructivo.

Pero sí se comprometió a preservar la autonomía del Banco de México, un garante de estabilidad financiera cuyo reconocimiento mundial llevó a Agustín Carstens a dirigir el Banco de Pagos Internacionales, lo que vendría siendo el banco central del mundo. Incluso, no es cosa menor recordar que en su primera de tres campañas en pos de la Presidencia, López Obrador haya sugerido que su secretario de Hacienda y Crédito Público fuera precisamente Carstens, en aquel entonces alto funcionario del Fondo Monetario Internacional.

Extraña paradoja la del populista guiñándole el ojo a un destacado representante del neoliberalismo económico que desprecia, pero el caso es que el tabasqueño ha sido más que cuidadoso en lo que respecta al Banco Central mexicano. La excepción que confirma mi planteamiento fue un intento de modificar su ley orgánica y por tanto su autonomía, para supuestamente brindar a migrantes mexicanos beneficios cambiarios peso-dólar.

Fuera de eso, Banxico ha pasado varias pruebas. La más importante de ellas ha sido la renovación de tres de cinco posiciones en su junta de gobierno, que ahora son ocupadas por propuestas hechas por la 4T, y que hasta el momento se han desenvuelto con criterios más técnicos y económicamente ortodoxos que políticos.

Recordemos también la cuidadosa y amable negativa a la presión presidencial para adelantar los remanentes cambiarios el año pasado, en medio de una profunda crisis que aún es vigente y que hacen que el gobierno busque recursos de cualquier fuente posible, o las sutiles sugerencias de Palacio Nacional para relajar la política monetaria como una forma de impulsar el pasmado desarrollo económico.

El Banco de México se mantiene hasta ahora incólume y firmemente autónomo. Y me dio mucho gusto captar una nueva señal en ese sentido durante este fin de semana, con la lectura de una entrevista que el subgobernador Gerardo Esquivel -cercano a la 4T- concedió a los periodistas Max de Haldevang y Nacha Cattan, de la agencia Bloomberg.

Propuesto originalmente por el presidente de la República para subsecretario de Egresos de Hacienda, el economista Esquivel se refirió a un asunto relevante: el próximo fin del periodo del actual gobernador Alejandro Díaz de León, quien puede optar este año por mantenerse ahí, de ser propuesto y ratificado.

Esquivel declaró sin tapujos que no aspira, como se había especulado, a ocupar la gubernatura del banco. Por el contrario, dijo que el apoyaría la renovación del mandato de Díaz de León quien, subrayó, “está haciendo un gran trabajo”.

Vaya noticia que quita algo de presión a la grilla sucesoria en el Banco de México, que ha cumplido cabalmente su función de mantener a raya la inflación y ser como ya dije garantía de estabilidad. Veremos ahora qué piensan los otros subgobernadores que fueron propuestos y ratificados en este gobierno: Jonathan Heath y Galia Borja.

O si nos vamos más lejos, cuál es el plan del actual Secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, desgastado en una posición muy compleja dado el estilo personal de gobernar de su jefe, Andrés Manuel López Obrador. Muchos creen que el premio a su estoica lealtad en medio de la terrible recesión mexicana pudiera ser la oficina principal de la calle Cinco de Mayo.

Sea lo que sea, lo importante es preservar la autonomía constitucional del Banco de México. Por el bien de todos.

*Periodista, comunicador y publirrelacionista.

@AlexRdgz

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