Patricia Betaza.

El pedófilo puede ser cualquiera. Puede ser el vecino, familiar o amigo simpático y hasta bonachón. Puede tener cualquier profesión o desempeñar cualquier actividad. Puede vivir en una casa cualquiera. No hay etiquetas que digan “soy un pedófilo”; “me gustan las niñas o los niños”. No llevan ropa extraña, ni máscaras ni nada. Sencillamente puede ser cualquiera.

¿Qué pasa en la mente del pedófilo? ¿Por qué la atracción hacia seres inocentes en sus primeros años de vida? Cada que escuchamos de un caso de pedofilia, que incluso puede terminar en muerte, se nos estruja el cuerpo completo. La indignación y el coraje nos invaden. Sencillamente no damos crédito que padres o personas cercanas, sean los victimarios. Por desgracia la violencia contra niños y niñas ocurre con mucha frecuencia en México.

Por eso resulta impactante leer El monstruo Pentápodo de la escritora duranguense Liliana Blum. Es la historia de Raymundo Betancourt, un hombre común y corriente. “Era un camaleón con la capacidad de parecer un hombre normal a los ojos del mundo, pero yo comenzaría a parecer una mujer embarazada en cualquier momento”. Porque este “monstruo” que describe Blum es un personaje capaz de enamorar a una mujer pequeña literalmente -enana- a la que hace su pareja y cómplice de su cerebro enfermo para tener bajo sus tentáculos a la pequeña Cinthia. Aimeé sabe del terror que se esconde en el sótano de su casa, pero unas breves caricias en un ser que es objeto de burlas, pueden más que la culpa. ¿Qué piensa Raymundo cada vez que va al encuentro con el pequeño cuerpo aterrorizado? ¿Siente culpa? ¿Qué sentimientos lo invaden? ¿Hay sentimientos acaso?

Hace un par de meses la Asociación Aldeas Infantiles dio a conocer que México ocupa el primer lugar en abuso sexual infantil con 5.4 millones de casos por año. Durante el confinamiento también aumentaron los casos de violencia contra menores y mujeres: abuso sexual, acoso sexual, violencia, violencia de pareja y violencia familiar. En el caso de los niños los agresores suelen ser el padrastro, abuelos, tíos, primos hermanos o cuidadores.

El Monstruo Pentápodo de Liliana Blum, imprescindible leer, porque el monstruo puede ser cualquier y estar en casa al acecho.

 

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