Esos jueguitos con China y Rusia

Rubén Cortés.

La alianza con los autoritarios ya es un hecho. Con el pretexto del desastre en la gestión para conseguir vacunas, el gobierno mexicano se acerca a los gobiernos de Rusia y China, de cuyas vacunas se habla mucho, pero la verdad es que casi no se ven.

Esto coincide con el alejamiento verbal cotidiano de Estados Unidos, que expresa el presidente por las mañanas, y con el casamiento público (en visitas oficiales y votaciones a favor en la ONU y la OEA) con Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Argentina y Cuba.

El viraje a Rusia y China va con el periplo del canciller mexicano a Moscú “para ver algo” de las 24 millones de Sputnik que hace dos meses acordó su gobierno con Putin; y a Pekín por 34 millones de dosis de CanSino, que hace muchos más tiempo apalabraron.

Pero el tema no es de salud: es de geopolítica. El gobierno mexicano necesitará el apoyo mundial del bloque de los dictadores, cuando capture al órgano electoral aquí con una reforma que destruya al INE, tras culpar a éste de su derrota electoral en junio. 

Tras la destrucción del INE vendrán los requerimientos de Estados Unidos de respetar el Estado de Derecho, las bases democráticas, los derechos humanos de los consejeros y consejeras electorales depuestos… como estipula el T-MEC. 

Pero Putin estará firme con México. Faltaba más: el ruso acaba de firmar una ley que le permitirá volver a concurrir a otras dos elecciones presidenciales y perpetuarse en el poder. Sólo le falta firmar una que le conceda vida eterna por sus genes fuertes.

Y China es una dictadura que no se somete a reglas universales, trampea con la depreciación artificial de su moneda para beneficiar sus exportaciones, hace dumping, practica evasión fiscal con el contrabando que sale de sus puertos.

China exporta mercancía producida en los campos de trabajo forzado de Laogai (el Gulag chino) adonde el sistema comunista deporta a miembros de Falun Gong, católicos, disidentes y vagabundos para que trabajen como esclavos.

Ah, y Venezuela está condenada en la OEA por haber capturado el Consejo Nacional Electoral, y en la ONU de “crímenes de lesa humanidad”, señalando como responsables directos al dictador  Maduro, a su número dos y a la cúpula militar.

Y el jefe del presidente de la aliada Bolivia, Evo Morales, había firmado, como Putin, una ley para reelegirse de por vida. Pero hace dos años no le bastó: en la jornada electoral iba perdiendo por la noche, tiró el sistema y por la mañana había ganado.

Todos ellos son los amigos viejos, y los amigos nuevos, del grupo político que tiene el gobierno en México desde 2018…

Y no se le ve que quiera soltarlo.

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