Capturan a torturador de Lydia Cacho

Por. José C. Serrano

El artículo 6° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, protege el derecho a la libertad de expresión.

“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas, ya sea oralmente, por escrito, o a través de las nuevas tecnologías de la información, el cual no puede estar sujeto a censuras previas, sino a responsabilidades ulteriores expresamente fijadas por la ley”.

Sin el derecho a la libertad de expresión es imposible que la ciudadanía se informe o exija a las autoridades una adecuada rendición de cuentas, incluso se vería imposibilitada para compartir posturas con el resto de las personas por lo que, la percepción propia y la visión del mundo estaría extremadamente limitada.

Fortalecida en sus convicciones por la contundencia del precepto jurídico enunciado, la periodista, escritora, conferenciante y activista de los derechos humanos, Lydia María Cacho Ribeiro, nacida en la Ciudad de México, avecindada por un tiempo en Cancún, Quintana Roo y naturalizada española, decidió hacer público el material obtenido tras largas y profundas investigaciones.

En 2004 escribió el libro Los demonios del Edén. El poder que protege a la pornografía infantil, en donde denuncia a la mafia de la pederastia en México y la explotación comercial del sexo con menores, con la anuencia de la clase política e implica a varios personajes públicos.

No es un tema fácil. Se exhibe a una sociedad adormilada que no mueve un dedo. Involucra a decenas de niños de hasta cinco años (mayoritariamente niñas); a policías y políticos corrompidos, y a redes de narcotráfico y pornografía infantil. Es un relato de la vida real. Decenas de pequeñas fueron obligadas a tener sexo y a ser videograbadas por el enfermo Jean Succar Kuri.

Escribir o leer un libro sobre el abuso y comercio de menores no es fácil ni agradable. Sin embargo, resulta más peligroso para la sociedad guardar silencio sobre este fenómeno. Ante la muda complicidad de la sociedad y el Estado, cientos de menores son víctimas de comerciantes que los convierten en objetos sexuales para la compra-venta y disfrute de millones de hombres, quienes encuentran en el abuso sexual infantil y en la pornografía, un deleite personal sin cuestionamientos éticos.

La publicación de Los demonios de Edén fue exitosa. Esto enfureció al empresario libanés Kamel Nacif Borge, quien presentó una denuncia en contra de la periodista por el presunto delito de difamación, ello generó un escándalo político en Puebla por la implicación que tuvo el entoces gobernador priista Mario Plutarco Marín Torres.

Hugo Adolfo Karam Beltrán, extitular de la Policía Judicial de la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado de Puebla, siguiendo órdenes de Marín Torres coordinó el cumplimiento de una orden de detención contra Lydia Cacho e instruyó a sus subordinados que la torturaran y humillaran.

Comisionó a policías de Puebla para que viajaran a Cancún, Quintana Roo, a fin de ejecutar la captura. El traslado de regreso se realizó vía terrestre, y en ese trayecto los uniformadas torturaron a la periodista bajo la supervisión de Karam Beltrán.

Por estos hechos, Mario Marín se halla en prisión, al igual que el pederasta Jean Succar Kuri. En tanto, el empresario textilero Kamel Nacif Borge sigue prófugo de la justicia mexicana, pues huyó a Líbano.

Hugo Adolfo Karam Beltrán fue detenido a las 8:42 horas del pasado jueves 13 de julio en el bulevar Miguel Alemán del puerto de Veracruz. Posteriormente fue puesto a disposición del primer tribunal unitario del vigesimoséptimo circuito.

Tras 18 años de espera la justicia se hace presente ante la periodista Lydia Cacho. ¡Enhorabuerna!

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