Rafael Correa de fiesta en Garibaldi

Por. Rubén Cortés

Aplastado su proyecto en las elecciones de ayer en Ecuador, Rafael Correa aporta al castrochavismo mexicano la densidad teórica; mientras que Cuba manda la maldad; Venezuela, la irracionalidad; Nicaragua, el gamberrismo; Bolivia, la estupidez; Argentina, la arrogancia.

La 4T provee a Correa y le permite vivir aquí, aunque oficialmente está exiliado en Bélgica. A cambio, el expresidente ecuatoriano, había sido discreto. Pero, de pronto le dio por la fiesta, y se da vida pública de cabaret en Garibaldi.

Correa es de quienes les dice a los de la 4T que el futuro es un “mundo de bloques”, que, estando en el bloque ruso y el Eje La Habana-Caracas, tendrán progreso; y que la clase media es antagónica a los pobres, porque ama el estilo de vida “New York”.

Con 60 años, se entiende que Rafael Correa entró en lo que Freud llama “el último jalón del hombre”, esa en la que el reloj biológico de muchos se azora ante la brevedad de la vida, y comienzan a disfrutar con fruición lo que venga… sobre todo en Garibaldi.

Sin embargo, la vida nocturna de Rafael Correa coincide con la citación que le llegó esta semana de la Fiscalía de Ecuador: un testigo que rindió bajo juramento su versión, lo inculpó en el asesinato del excandidato presidencial Fernando Villavicencio.

El testigo reveló quiénes dieron la orden de cometer el asesinato, los preparativos y montos ofrecidos por los autores intelectuales. Después de la versión del testigo, fueron asesinados en la cárcel siete reos imputados por el atentado.

Y Villavicencio era el principal adversario político de Rafael Correa. Rafael Correa lo odiaba a muerte, y, siendo presidente caudillista, con el monopolio personal de las todas las instituciones de Ecuador, le echó encima al poder judicial.

De 2007 a 2017, Correa hizo que la Corte votara a su favor en 17 casos: contra el diario El Universo; contra periodistas, como Juan Carlos Calderón y Christian Zurita; y contra opositores como el propio Fernando Villavicencio y Cléver Jiménez.

Antes de que lo mataran, Villavicencio demostró que

el gobierno de Correa transfirió 21 campos petroleros a empresas extranjeras, que se llevaron el 70 por ciento del crudo, mientras que apenas el 30 por ciento ingresó a la caja fiscal de Ecuador.

Justo por lo que Correa se tuvo que exiliar en Bélgica: está acusado de participar en un esquema de corrupción mediante el pago de sobornos para contratos públicos, durante su extensa presidencia.

Así que jugó y perdió su suerte ayer domingo, cuando ganó la presidencia el derechista Daniel Noboa, al derrotar a la castrochavista Luisa González, junto con quien Correa había prometido públicamente volver para vengarse a lo grande.

Mientras, canta y baila en Garibaldi.

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