México: mejor ser perro que feto humano

Carlos Arturo Baños Lemoine / Ciudadano Cero

Carlos Arturo Baños Lemoine.

La semana pasada, en el Estado de México, Sergio Morales Buendía fue sentenciado a cinco años, siete meses y quince días de prisión por haber ocasionado la muerte del perrito llamado “Benito”. Les recuerdo que se trata del tipo que arrojó a dicho perrito a un cazo con aceite hirviendo: un acto de maltrato y de crueldad, sin duda alguna. Me parece correcto que lo hayan condenado penalmente; eso habla muy bien de una sociedad que cada vez valora más la vida animal, porque finalmente la especie humana es una especie animal.

Y, hoy mismo, también en el Estado de México, se formalizó la firma del Decálogo de Acciones para la Atención del Maltrato Animal, una histórica colaboración que se han propuesto la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Poder Ejecutivo Federal y el Gobierno del Estado de México.

Agreguemos que, al menos desde el 2018, la Suprema Corte de “Inmundicia” de la Nación se ha pronunciado a favor de la vida de los animales no humanos bajo la correcta premisa de que éstos son, ontológicamente hablando, “seres sintientes”.

Hasta aquí todo bien: yo aplaudo cualquier iniciativa que vaya encaminada a respetar legal y éticamente a los “seres sintientes”.

El gran problema radica en que este mismo país, que todavía se llama México, sigue experimentando un acentuado, acelerado, profundo y contradictorio proceso de degradación jurídica y ética, ya que muestra respeto y hasta piedad por la vida de los perros y no así por la vida de los fetos humanos.

Miren ustedes qué desconcertante resulta que un país que muestra respeto por la vida de los perros por ser los perros “seres sintientes”, no muestra respeto alguno por los fetos humanos que, al menos desde el tercer mes de gestación, también son “seres sintientes”.

¡Ahora resulta que, ontológica, jurídica y éticamente, la vida de un perro vale más que la vida de un feto humano!

Y todo porque la Suprema Corte de “Inmundicia” de la Nación determinó recientemente, de forma estúpida e incorrecta, que el aborto debe ser totalmente despenalizado en México; lo que supone, obvio, que esa nefasta Suprema Corte le niega al feto humano toda esencia de “ser sintiente”. Y ya ni hablemos de la esencia propiamente humana del feto, asunto que la Suprema Corte de “Inmundicia” de la Nación no entiende.

Allí están, mis amigos, las consecuencias sociales, éticas y jurídicas de la perniciosa influencia de la mitología feminista en las instituciones públicas. El feminismo es un cáncer social, no lo olviden. Y no podríamos esperar menos de una ideología dogmática, totalitaria y pro-genocida como el feminismo.

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Esta videocolumna de análisis, crítica y opinión es de autoría exclusiva de Carlos Arturo Baños Lemoine. Se escribe y publica al amparo de los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cualquier inconformidad canalícese a través de las autoridades jurisdiccionales correspondientes.

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