Marissa Rivera

Marissa Rivera.

El gobierno federal y sus principales fariseos pregonan hasta el hartazgo que la elección presidencial del 2024 la tienen ganada.En todas las encuestas que ellos pagan, promocionan o reciben como favores, Claudia Sheinbaum está arriba hasta por 30 puntos.Un día de campo, sin duda, para la candidata del presidente.Pero es falso.Tan falso que no se entendería la intensificación de la guerra sucia contra Xóchitl Gálvez, ni la intromisión del presidente para recoger del piso a su corcholata que no levanta porque no genera empatía, no tiene carisma y porque es una mala copia de él.Con el arribo de Jorge Álvarez como candidato sustituto de Samuel García, a la presidencia de la República,  le regresó la sonrisa al presidente. “Lo celebro, dijo, López Obrador”.Pues como no, si a Claudia no le hará ni cosquillas, la intención abierta y clara es restarle votos a Xóchitl.Lamentablemente para Álvarez Máynez ni es Samuel ni tiene al lado a Mariana Rodríguez.Según la senadora emecista Indira Kempis, el flamante precandidato no ha ganado absolutamente nada, salvo algunos puestos por ser el mandadero. E incluso, advirtió, que no tardan en salir algunas de las múltiples acusaciones que hay en su contra. ¿Será un candidato contraproducente?No está fácil, pero por lo pronto después de sonreír por el regalo, el presidente, maestro en esquivar los temas difíciles, necesitará más cortinas de humo para ignorar, ocultar y aplastar las declaraciones de la exdirectora de Notimex, Sanjuana Martínez.Lo que todos saben y a muchos les consta es la utilización de recursos públicos para la campaña de Claudia. Delito que todos ven, pero todos callan, en especial el INE. Un INE a modo, un árbitro al que nadie le hace caso, menos el presidente.Ya lo había denunciado Marcelo Ebrard. Pero no llegó tan lejos. Ahora lo hizo Sanjuana y nuevamente habrá oídos sordos.Denunció, a través del periódico La Jornada, nada más y nada menos, que le exigieron parte de su liquidación para la campaña de Sheinbaum Pardo. Pero al negarse, su liquidación se redujo.No había pasado el descalabró de ver como echaron de la Fiscalía capitalina a su protegida, Ernestina Godoy, que por cierto, le dolió y mucho, cuando vino el ramalazo de su otrora protegida Martínez Montemayor.Al presidente y a su narrativa contra la corrupción les llueve sobre mojado.Al mismo tiempo de la revelación de los moches para la precampaña, su dolor de cabeza, Carlos Loret, publicó en Latinus, un eslabón más de la corrupción obradorista, que opera, obviamente, bajo el abrigo familiar.Esta vez fue Gonzalo, quien presuntamente le da contratos a un amigo porque le lleva el control del Tren Maya.Se acabó la narrativa de no robar, no mentir y no traicionar.Traicionó a los niños enfermos de cáncer, a las mujeres, a las madres solteras, a los campesinos, por mencionar algunos.Le ha mentido a los mexicanos, haciendo creer que todo está bien, cuando en los tres principales aspectos que le importan a los ciudadanos estamos mal: seguridad, economía y salud.Y de la corrupción, se ha consignado a través de Latinus, que sus tres hijos mayores están embarrados.El robo más grande de las últimas décadas ocurrió en su administración a través de Segalmex. Desvíos que aparentemente no terminaron en las cuentas de una o dos personas, sino que fueron a la caja de ahorro presidencial para comprar voluntades.El fracaso de la refinería Dos Bocas, del Tren Maya y del AIFA son caprichos que le han costado al país.Por eso está tan preocupado el presidente, porque cada día exhiben algún producto de la corrupción que se desborda en su mandato y que le perjudica a él y a su candidata.Por eso no dan tregua a Xóchitl, por eso le tienen miedo. Por que si llega Xóchitl sabrán que tienen un espacio reservado tras las rejas.

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