¿Por qué la visita a Trump?

Por Ah-Muán Iruegas.

El presidente mexicano realiza esta semana una visita a su contraparte estadounidense, Donald Trump. A algunos, como el célebre historiador Héctor Aguilar Camín, ese acto les resulta incomprensible. Pero la visita tiene una explicación.

Es verdad que para la mayoría de los analistas, así como de los exdiplomáticos –y al parecer algunos diplomáticos en activo- resultaba poco recomendable la realización de dicha visita, pues supone al menos un apoyo implícito al presidente Trump, dado que una postura de rechazo a su presidencia, supondría abstenerse de visitarle.

En principio, el viaje pudiera ser ocasión de presentar algún reclamo. Pero eso no es lo que se acostumbra en las visitas al presidente estadounidense, dado que sencillamente, casi nadie tiene la fuerza para retarlo a fondo. El ejemplo del histórico pleito de Fidel Castro con los Estados Unidos, muestra claramente que retar a los estadounidenses, conlleva un precio. De manera que si en la visita de AMLO hay reclamos de su parte, seguramente será en tono menor.

El México de López Obrador, no está dispuesto a pagar el precio de un pleito con los Estados Unidos (de hecho, la economía mexicana no puede resistir un grave distanciamiento entre ambos países). Por esta u otras razones, desde el primer año de su trompicado sexenio, el señor presidente decidió plegarse a las exigencias de Trump.

Si bien al inicio del sexenio, el obradorismo tuvo una clara política de puertas abiertas a la inmigración extranjera, al poco tiempo Trump exigió algo que conlleva nada menos que… la capitulación de la independencia mexicana, al menos en el ámbito de la política migratoria.

López Obrador utilizó gran parte de su Guardia Nacional para construir un muro humano o policiaco que ha cerrado las puertas a la migración extranjera. La cual, ni siquiera viene a México total y permanentemente, sino que buena parte de los migrantes están en tránsito para buscar el “sueño americano”.

Como resultado, la política migratoria mexicana de hoy, no es la de un país independiente. Es la política de un gobierno que estuvo dispuesto a recibir instrucciones de Trump, en relación con su política interior. Lo cual encarna la peor política interior posible, dado que es una política interior dependiente de los dictados del presidente de los Estados Unidos.

El señor presidente ha dicho que “la mejor política exterior, es una buena política interior”. Pero si en materia migratoria Obrador consiguió poner en práctica “la peor política interior” (una política dependiente) valdría la pena especular con la fórmula presidencial antedicha, para preguntarnos ¿qué política exterior puede producir la peor política interior?

Cabe preguntarse también cuál es la razón por la que México concedió tanto.

En primer lugar, México ofrendó su política migratoria a cambio de la aprobación del T-MEC o “nuevo NAFTA” por parte del gobierno estadounidense.

El T-MEC es un acuerdo netamente neoliberal, que busca facilitar el libre comercio, uno de los mantras del neoliberalismo. El neoliberalismo justifica la necesidad del libre comercio, a partir de la conocida “teoría de las ventajas comparativas”. La cual, en dos palabras, dice que los países deben especializarse en los productos que fabrica de manera más eficiente, para así obtener mayor número de bienes, e intercambiar tales productos con países que también se especializan en otros productos en los que son más eficientes.

Con esa “sólida base neoliberal”, el obradorismo decidió intercambiar la política migratoria mexicana, a cambio de beneficios comerciales. Como los beneficios serán a largo plazo y la política migratoria pudiera cambiar a mediano plazo en México –cuando Trump se vaya- podemos ser benevolentes con AMLO y conceder que su gobierno intercambió intereses nacionales de largo plazo –el comercio- por la independencia nacional en materia migratoria.

Sin T-MEC, la economía mexicana quedaría peor de lo que ahora está, por lo cual no cuestiono el neoliberalismo de la 4T en este caso, dado que no tenían ni tienen opción, que no sea la de atar el futuro de la economía mexicana a la de su par estadounidense.

Sin embargo, en el caso de la visita a Trump, esa no era la única opción. Fácilmente se pudo haber negado AMLO a la visita que un día antes le propuso Donald Trump. Pero decidió aceptarla, pudiendo haber dicho que tenía que cuidar al país en la pandemia, o algún pretexto que cualquier burócrata de la cancillería debe ser capaz de fabricar.

Pero en la cancillería no tuvieron la capacidad de argumentar sólidamente ante la Presidencia, sobre la inconveniencia de viajar en este momento. O quizá en presidencia ni siquiera escucharon sus palabras.

Sea como sea, lo que ofrendaron en esta ocasión en la Secretaría de Relaciones Exteriores, fueron los intereses nacionales.

Las elecciones presidenciales estadounidenses, tendrán lugar en noviembre próximo. Y en ellas, el interés nacional mexicano indica que es preferible que Trump pierda las elecciones.

Pero, al visitar a Trump, AMLO está trabajando para que Trump gane de nuevo. No se sabe qué tanto pueda apuntalar AMLO al respaldo latino o mexico-americano en favor de Trump. Pero fue éste quien sugirió la visita, por lo que es obvio suponer que a Trump le conviene aquella. Si no fuera así, la visita no la hubiera sugerido el mismo Trump.

Tenemos al menos ya dos casos flagrantes, donde AMLO está ayudando de alguna forma a Donald Trump. Por un lado, la entrega de la política migratoria mexicana. Por otro, la visita de esta semana, en el contexto de la campaña presidencial de Trump.

¿Qué es lo que explica semejante actitud, que algunos pudieran calificar de política exterior traidora o cobarde? Lo que existe es una orientación general de la política exterior mexicana, que explica el entreguismo de ambas acciones.

Lo que hay en el obradorismo, tácita o explícitamente, es una política exterior de apaciguamiento de los Estados Unidos. El fenómeno está ya muy estudiado entre los internacionalistas; en inglés al apaciguamiento se le denomina policy of appeasement.

El caso más conocido de política de apaciguamiento, es la que siguieron en Europa antes de la segunda guerra mundial y en particular el canciller británico Chamberlain, con tal de calmar las ansias belicistas de Adolfo Hitler. Los europeos intentaron darle a Hitler un “premio”, un pequeño bocado como lo que se usa para apaciguar a las mascotas con hambre.

Sin embargo, el tamaño del premio se fue ensanchando hasta hacerlo impagable y desencadenar la segunda guerra mundial y el holocausto.

Es decir, la política de apaciguamiento de gorilas de talla mundial, como Hitler, no tienen las mejores credenciales en el mundo, dado que ocasionaron una de las dos guerras mundiales que hemos conocido hasta ahora. Y sin embargo, en la oficina del presidente mexicano mantienen una política de entrega total, a cambio de no desatar la ira de Trump. No es lo más deshonroso del mundo, pero se le acerca. El obradorismo no ha tenido el valor de enfrentarse a Donald Trump, ni siquiera de palabra.

Desde luego que no es recomendable entrar en pleito con la potencia dominante a nivel mundial. Pero eso es exactamente lo que puede ocurrir con la entrada de México al Consejo de Seguridad de la ONU, anunciado en días recientes. México pudiera entrar en conflicto con los Estados Unidos, por el sólo hecho de estar sentado en donde se dirimen los pleitos mundiales, las guerras, etcétera.

Pero como hemos visto, eso no necesariamente ocurrirá, puesto que el embajador Juan Ramón de la Fuente, probablemente va a ofrendar los intereses mexicanos en aras de mantener buenas relaciones con los Estados Unidos. Aunque esto es sólo una hipótesis.

La otra hipótesis sería que México va a usar tácticas priistas y va a tener pequeños enfrentamientos con los Estados Unidos, con el único fin de salvar la cara de entreguistas que ya tienen. Eso está por verse.

También está por verse qué tanto aceptará el ala izquierda del obradorismo, una política de derecha, que apalea a los migrantes, que solapa a Donald Trump, que no respeta los derechos humanos al interior, donde agrede a las feministas y activistas, lo mismo que a la prensa. Supongo que la izquierda obradorista doblará la cerviz ante su “Fürer”, pues los movimientos populistas se pliegan ante su líder, haga lo que haga y diga lo que diga, dado que se basan en su carisma personal, como analizaremos próximamente en este espacio.

Lo que ya está visto, es que México está practicando una clara política de apaciguamiento frente a los vecinos del norte. Eso es lo que explica la “incomprensible visita de AMLO” al presidente de los Estados Unidos.

 

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