¿Qué tan feliz se puede estar?

Marissa Rivera

Marissa Rivera.  

Por supuesto que el presidente debería estar feliz, feliz, feliz.  

Porque las elecciones del domingo pasado se realizaron sin incidentes graves a pesar de que el crimen organizado se inmiscuyó en las campañas y las manchó de violencia, sangre y miedo. 

Triste, lamentable y preocupante fue escucharlo decir que: “la gente se portó muy bien, los que pertenecen a la delincuencia organizada, en general bien, muy pocos actos de violencia de estos grupos; se portó creo que más mal la delincuencia de cuello blanco”

¿De verdad se portó bien el crimen organizado? Previo a la jornada electoral, murieron decenas de políticos, entre ellos, candidatos a puestos de elección popular. 

Quienes merecen el reconocimiento son los ciudadanos que participaron en la realización de los comicios y quienes salieron a ejercer su voto.  

El Instituto Nacional Electoral resistió las embestidas desde Palacio Nacional y garantizó una jornada electoral positiva para el país.   

Ese si es motivo de felicidad, no que, a su partido Morena, según él, le haya ido bien en las elecciones.  

Porque, salvo Movimiento Ciudadano, ningún partido podría estar tan feliz. Nadie ganó todo, ni perdió todo.   

Morena no tuvo la aplastante votación de hace tres años y perdió diputados federales. Sigue siendo el partido más votado y con más fuerza en el país, pero quedo disminuido electoralmente. 

Con el triunfo de 11 gubernaturas, el partido de AMLO gobernará 17 entidades, más de la mitad del país. Nada despreciable, sin duda. 

Pero hubo un golpe que les quitó o debería quitarles la felicidad, incluso hasta la sonrisa, aunque lo nieguen. El peor garrotazo se lo dieron en su principal bastión: la Ciudad de México. Solo gobernarán 7 de las 16 alcaldías. ¿La debacle? ¿Muy feliz, feliz, feliz? 

Ni que decir del PRI, el mayor perdedor de la elección del domingo. No pudo retener ninguna de las entidades que gobernaba. Ni si quiera Campeche, de donde es el presidente priista.  

Tampoco pudo ganar las que gobernaba la oposición. Por menos de una derrota así, Manlio Fabio Beltrones renunció a la presidencia del PRI.  

Celebran que antes tenían 46 diputados y que ahora podrán llegar a 75. 29 diputados más que deberán agradecerle a la alianza con el PAN y el PRD. 

En fin, que como para lanzar las serpentinas y el confeti solo el partido naranja y quizá la franquicia política más veleidosa por décadas, el Verde Ecologista. 

Algo le salió bien a la Alianza “Va Por México”, que bloquearon la mayoría calificada que pretendía el presidente.  

Andan tan contentos que no descartaron una posible alianza para la presidencial de 2024.  

En lo que deberían estar atentos, por el momento, es en garantizar que sus candidatos ganadores cumplan y gobiernen bien, de lo contrario, solo serán una llamarada de petate. 

La lección está dada. Cada quien goza sus triunfos y lame sus heridas. Lo que no debemos perder de vista es la polarización que persiste en el país.  

Sé que es mucho pedir, pero ojalá después de esto, la retórica mañanera baje la intensidad y la oposición, construya, como lo prometieron.  

Tal vez sea una ilusión cuando ya comenzó la carrera para el 2024. 

De refilón. 

No puedo dejar de celebrar el triunfo de las seis próximas mujeres gobernadoras, en Chihuahua, Sonora, Colima, Tlaxcala, Guerrero y Campeche.   

¡Éxito, señoras! 

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