El aumento de suicidios entre menores de edad

Por. Patricia Betaza

¿ Por qué la gente se suicida? ¿Qué lleva a las personas a decidir que ya no quieren vivir? María recuerda cuando su hijo Ángel de siete años de edad un día le preguntó, ¿oye mamá dime cómo le hago para irme al cielo? ¿Cómo se le hace para ya no estar aquí y estar allá arriba? El niño llevó a su mamá a la azotea del edificio donde vivían. María se quedó muda, pero sabía que algo no estaba bien con su hijo pequeño. Entonces decidió hacer una pausa en su trabajo – era madre soltera- y dedicarse a escuchar y atender al niño que pasaba gran parte de su día entre la escuela y la nana que lo cuidaba en casa. Por fortuna quedó en anécdota. En la escuela le dirían que Ángel estaba siempre triste y se sentía solo. Con el cambio de actividades maternas y la ayuda terapéutica Ángel pudo continuar con su vida normal hasta ser un joven exitoso. Increíble, me dice la maestra Yolanda, pero los niños desde edades tempranas comienzan a mostrar signos preocupantes de que no están bien anímicamente y que piensan en la muerte. Son muchos factores los que pueden desencadenar que una persona en edades tempranas ya comienza a dar muestras de que no está satisfecho con su corta vida. Por eso no es de extrañar que la última cifra que dio a conocer el gobierno de México sobre los suicidios entre niñas y niños de 10 y 14 años de edad es preocupante. En 2020 se registraron mil 150 suicidios de niñas y niños de 10 a 14 años de edad. Un aumento del 12 por ciento respecto a los datos del 2019. El confinamiento, la violencia intrafamiliar, las restricciones de la movilidad social derivados de la pandemia hacen que los niños, niñas y adolescentes sientan que ya no se puede más. Estaba revisando esas cifras que dio a conocer el subsecretario de Gobernación Alejando Encinas, cuando comencé a leer Los suicidas del fin del mundo de la escritora y periodista argentina Leila Guerriero. Resulta que a finales de los 90 y principios del 2000 una ola de suicidios se registra en las Heras, que es un pequeño pueblo petrolero de la provincia de Santa Cruz. La periodista comienza a indagar por qué los jóvenes llegan al momento de querer terminar con su vida. Ahí en ese poblado, encuentra pobreza, desempleo, violencia intrafamiliar, pero sobre todos desesperanza. Nada en su entorno les provoca ganas de seguir con la vida. Demasiada problemática, pero no una causa específica o única de porqué un muchacho o una muchacha, decide ponerle fin a su vida. Por qué a tan corta edad deciden que la vida ya no vale la pena. “Lo que encontramos entre los chicos fue falta de proyecto, apatía, problemas de violencia física entre ellos, situaciones conflictivas con los padres, prostitución y abuso infantil”. Así encuentra la autora entre las posibles causas del porqué esa falta de querer vivir, pero en realidad hay demasiadas. En realidad saber qué pasa en la mente de un suicida es demasiado complejo. Por eso lo que nos queda es estar siempre con los ojos y la mente abierta en nuestro entorno. De acuerdo con el libro, no siempre hay una señal clara de que alguien en nuestro entorno decide ya no seguir con la vida. Las últimas cifras dadas a conocer deben encender las alarmas. Según Alejandro Encinas, la última cifra de niños y niñas representa un récord, respecto a 2019 y 2020. Algo está sucediendo.

 

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