Alejandro Rodríguez Cortés

Alejandro Rodríguez Cortés*.

Cuenta la leyenda política mexicana que durante su ascenso al poder y en el poder mismo, Luis Echeverría gustaba generar problemas en la vida pública para después presumir que él los arreglaba. Construía así una narrativa personal de destreza, habilidad y sapiencia para conducir exitosamente al país.

Andrés Manuel López Obrador emula constantemente al echeverrismo y, además de impulsar la edificación de un régimen vertical de poder único, sin contrapesos y con mano dura que lo acerca más a la autocracia que a una democracia tan manoseada en su discurso, utiliza también el recurso retórico de celebrar como logros gubernamentales la solución de entuertos que él mismo generó.

El presidente que destrozó el proyecto de infraestructura más importante de los últimos tiempos en México, un nuevo aeropuerto, asegura que el aeródromo de Santa Lucía es la gran solución, aunque la realidad se empeñe en señalar que no es sí. La queja de una terminal aérea vetusta y rebasada no se atiende con el AIFA, a pesar de que en Palacio Nacional afirmen que están en vías de saldar un monumental déficit de transporte generado por la decisión estúpida tomada por ellos mismos.

Algo así pasa con la muy comentada categoría uno de seguridad aérea que México acaba de recuperar, luego de casi dos años y medio de haber sido degradado por las agencias aeronáuticas norteamericanas.

Los voceros oficialistas y el ejército digital al servicio del obradorismo se desgañitan al cacarear lo que, si bien es una gran noticia, quiere ser publicitada como un gran logro de la mal llamada Cuarta Transformación ¡Vaya caraduras! Presumen que obtuvieron una certificación internacional que ellos mismos perdieron por obvia incompetencia e indolencia, so pretexto de un austericidio presupuestal necesario para financiar ocurrencias gubernamentales.

Como la cancelación del aeropuerto de Texcoco, la degradación aérea nos costó miles de millones de pesos y restó al país competitividad y herramientas para el desarrollo. Pero en el colmo del cinismo, presumen el parche de una terminal aérea chafa y desierta, y se asumen chingones por haber cumplido los requisitos gringos que permitirán abrir nuevas rutas hacia el norte, nuestra zona natural de intercambio comercial.

Se entiende que ante la falta de resultados, este gobierno eche mano de lo que haya para no pasar como lo que es: un sexenio perdido. Y ahí encontramos lo de la categoría uno, como también el supuesto logro presumible de un mayor ingreso económico de la población basado en la interminable transferencia de recursos públicos, con la consecuente suspensión de otras políticas públicas, la ampliación del déficit presupuestal y la contratación de deuda pública para financiarlo.

Es como celebrar la prótesis de una extremidad amputada por responsabilidad propia. Es como pedir prestado para pagar otras deudas y sin generar ingresos adicionales.

Es hacerse tontos, pues. Los de atrás pagan.

 

*Periodista, comunicador y publirrelacionista

@AlexRdgz

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