Giammattei, 100 días

Hilder Menéndez Castillo.

Cien días duró la última aventura de Napoleón Bonaparte. Desde su retorno a París –luego de su exilio en Elba– hasta la segunda restauración de Luis XVIII como rey de Francia, con lo que concluyen las Guerras napoleónicas.

Así la historia nos demuestra que en este plazo tan breve se puede erigir y derrumbar un imperio. Lo primero, con el impulso de un liderazgo extraordinario y lo segundo, cuando las bases que lo sostienen no son las adecuadas.

Pero volvamos a Guatemala, al presente, a 100 días de la toma de protesta del presidente Alejandro Giammattei.

La mitad de este tiempo ha sido de incertidumbre. Quedaron a un lado las felicitaciones y las festividades típicas de los primeros 100 días, para dar lugar a la capacidad de reacción de un gobernante que, en ocasiones, parece haber recibido a un elefante reumático y viejo.

El Doctor trae una dinámica incansable, la emergencia no le permite descanso y los que quieran descansar deberán dar lugar a los que quieran trabajar.

En 100 días no es mucho lo que puede exigirse a un gobierno en cuanto al logro de objetivos estratégicos o cambios sustanciales a nivel social.

Aun así, son días con un poder simbólico importante, que pueden poner de relieve la actitud y el dinamismo de un mandatario. Son el periodo en que las propuestas del candidato deben ir tomando la forma de las políticas del estadista.

Hemos visto cosas interesantes desde el 14 de enero:

La declaración de estados de prevención y la puesta en marcha del plan de seguridad para abatir la violencia.

El acatamiento del Ejecutivo a una sentencia de la Corte Constitucional, producida por el amparo que suspendió el decreto de modificación de la Ley de ONG.

El impulso de una agenda internacional activa para fortalecer la presencia de Guatemala en el exterior, principalmente en las relaciones con los países de la región, como El Salvador, Honduras, México y Estados Unidos.

Pero el reto más notorio es la sorpresiva emergencia sanitaria de la pandemia por el nuevo coronavirus, que ha postrado a los servicios de salud por todo el mundo y amenaza los mercados internacionales.

Una pandemia que nos vino a restregar en la cara, una vez más, la desgracia que vive Guatemala. Los organismos internacionales inventaron el término “países en vías de desarrollo” porque se escucha más bonito que decir “países de tercer mundo”.

“Guatemala es un país en vías de desarrollo” se escucha más bonito que repetir “Guatemala es un país con hambre”. El hambre que se ve en las alcaldías y en las aldeas, esa hambre que no da tiempo para pensar en el mañana sino sólo para subsistir en el presente.

Un amigo me decía: Giammattei ha demostrado que tiene don de mando, ha sabido transmitir su calidad humana y su confianza en Dios.

No hay duda de eso. Nunca en la historia de nuestro país la gente había esperado con tanta aceptación a escuchar el mensaje del Presidente.

Giammattei es escuchado.

Pero también nunca en la historia, la gente había tenido tantas herramientas para que las cosas se hagan con transparencia y honestidad, ahí esta el reto de Giammattei, que no vaya a quedar duda que todo lo que se está haciendo en esta emergencia, su gente lo hace con honestidad, transparencia, legalidad y lealtad al pueblo.

A 100 días de gobierno, no nos queda más que ayudar al Presidente, un hombre bueno. Si lo ayudamos a él, estaremos ayudando y cumpliendo con Guatemala.

A 100 días, no olvidemos que el pueblo eligió a congresistas y alcaldes que, podrán pasar 100 años, también serán recordados: con el monumento a los héroes o en el sepulcro de los traidores.

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